Los síntomas del Parkinson y su impacto en la vida cotidiana: cómo es la experiencia de Michael J. Fox

La pérdida de habilidades motoras, el dolor físico y los cambios emocionales afectan la rutina del actor canadiense, quien ha mostrado los desafíos que enfrenta quien vive con esta enfermedad progresiva

A los 64 años, Michael J. Fox se consolidó como un referente internacional de la resiliencia frente al Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que lo acompaña desde hace más de tres décadas. El actor compartió abiertamente el impacto de la enfermedad en su salud y en su rutina diaria, así como su visión sobre la vida y la muerte.

La progresión del Parkinson, como explicaron especialistas de la Parkinson’s Foundation, es impredecible y varía en cada paciente, con síntomas que incluyen temblores, rigidez, lentitud de movimientos, dificultades para caminar y alteraciones en la expresión facial.

La evolución de la enfermedad puso para Fox una serie de retos físicos y emocionales. En los últimos años, el actor sufrió múltiples lesiones derivadas de la pérdida de habilidades motoras: fracturas en el codo, la mano y el pómulo, infecciones graves y la necesidad de reemplazar un hombro.

Estas secuelas lo obligaron a dejar atrás actividades que antes disfrutaba, como tocar la guitarra. “Fue terrible. Me rompí varios huesos pequeños y se infectaron, tuvieron que cortarlos. Ya no puedo tocar”, lamentó en una entrevista con The Sunday Times.

Además, experimentó cambios en su expresión facial y episodios de congelamiento físico, tal como relató en el documental Still: A Michael J. Fox Movie: “Cada temblor es como un golpe sísmico. A veces quedo congelado físicamente y facialmente. A veces no puedo sonreír ni mostrar expresión”.

El impacto emocional del Parkinson también fue profundo. Tras el diagnóstico, atravesó una etapa de depresión y abuso de alcohol, de la que logró salir con el apoyo de su esposa, Tracy Pollan, y sus cuatro hijos.

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