La salud del Papa a través de los años: desde su juventud hasta la última internaciónPor M. E. Cazeneuve y R. Cansler

La operación de pulmón derecho cuando cursaba el Seminario, las cirugías intestinales y las complicaciones respiratorias marcaron los días del Sumo Pontífice. Murió esta mañana en Roma, según informó el Vaticano

Luego de largas semanas luchando con las secuelas de la neumonía bilateral, esta mañana a las 7.35 hora de Roma, murió el papa Francisco, según informó el Vaticano.

Años después, al recordar aquel momento, comentó: “A esa edad uno se siente omnipotente. No es que no estuviese preocupado, pero siempre tuve la convicción de que me iba a curar”. Pero esta certeza, que se convirtió en una realidad, con el paso de los años, se tradujo en el talón de Aquiles del Pontífice.

La última hospitalización en el Policlínico Gemelli

Un proceso esperable por su edad, debido a que el sistema inmunológico se debilita a medida que envejecemos, lo ubicó en una posición sensible y la combinación del pasado y el presente, junto a las complicaciones derivadas, como la bronquitis o neumonía, provocaron su muerte en las últimas horas.

El papa Francisco fue hospitalizado en el Policlínico Gemelli de Roma el viernes 14 de febrero con un diagnóstico inicial de bronquitis. Unos días después, el Vaticano comunicó que el Pontífice enfrentaba una “infección respiratoria polimicrobiana” que complicó su estado de salud, lo que llevó a un ajuste en su tratamiento farmacológico. Estuvo internado por 38 días.

Posteriormente, una tomografía reveló la presencia de neumonía bilateral, lo que exigió el inicio de un tratamiento antibiótico combinado con corticoides. De acuerdo con el Vaticano, este cuadro clínico se encuentra asociado a condiciones previas como bronquiectasias y bronquitis asmática, afecciones que impactan sobre su sistema respiratorio.

Luego, el Santo Padre alternó entre mejoras leves y cuadros respiratorios graves. El sábado 22 de febrero, la salud del Pontífice se agravó tras sufrir una grave crisis asmática. El Vaticano indicó que estaba en estado “crítico”, con “pronóstico reservado”. Para estabilizarlo fue necesaria la administración de oxígeno de alto flujo y transfusiones sanguíneas, dada la presencia de trombocitopenia, una disminución de las plaquetas, vinculada a un cuadro de anemia.

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