La cirugía de pulmón al joven Jorge Bergoglio que lo cambió todo Por Silvia Pardo

A los 21 años, cuando cursaba el segundo año del Seminario, le extirparon el lóbulo superior del pulmón derecho, un hecho que afectó su salud respiratoria en la adultez. “Fue mi primera experiencia con el dolor y la soledad”, contó el papa Francisco tiempo después

Los pulmones del Papa han sido su talón de Aquiles desde su juventud. A los 21 años sufrió una grave infección respiratoria que obligó a los médicos a extirparle el lóbulo superior del pulmón derecho.

A medida que pasaba el tiempo sus compañeros se iban recuperando mientras que el joven Jorge Mario Bergoglio empeoraba. Como la fiebre alta no cedía, el director del seminario decidió trasladarlo al Hospital Sirio Libanés de Villa Pueyrredón, en Buenos Aires.

En una entrevista con el periodista Nelson Castro el Papa contó que allí, un neumonólogo de apellido Zorraquín ordenó que le hicieran estudios de laboratorio y radiografías de tórax que, luego de ser revisadas, arrojaron que tenía tres quistes en el lóbulo superior del pulmón derecho y un derrame pleural bilateral que le producía dolor y dificultad respiratoria.

“Me sacaron un litro y medio de agua del pulmón. Además, ahí me quedé luchando por vivir”, relató Francisco en primera persona. “Tras ello, comenzaron a tratarme y, para el mes de octubre, cuando ya estaba recuperado, me anunciaron que debían operarme para extirpar el lóbulo afectado porque existía la posibilidad de una recaída”, contó el Papa.

Finalmente, lo operaron. “Al recuperarme de la anestesia, los dolores que sentí fueron muy intensos”, dijo el Papa y reveló que desde ese entonces tiene una cicatriz que va desde la base del hemitórax derecho hasta su vértice.

Al ser consultado sobre si su cuerpo sufrió o no consecuencias por la operación, Bergoglio lo negó. “La recuperación fue completa y nunca sentí ninguna limitación en mis actividades. Nunca experimenté fatiga o falta de aire. Según me han explicado los médicos, el pulmón derecho se expandió y cubrió la totalidad del hemitórax homolateral. Y la expansión ha sido tan completa que, si no se le advierte del antecedente, solo un neumonólogo de primer nivel puede detectar la falta del lóbulo extirpado”, explicó el pontífice.

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