Francisco, la rebeldía pícara frente a su delicada salud y su mantra que lo acompañaron hasta el finalPor Daniela Blanco

A lo largo de su papado, el pontífice desafió su delicada condición física para cumplir con su misión. Continuó llevando un mensaje de paz al mundo hasta su último día. Fue el Papa criollo, apasionado del dulce de leche, del mate, del pan fresco y del fútbol

Francisco, el Papa incansable, el Papa valiente, el Papa rebelde. Pocas personas en el mundo a los 88 años, con un pedacito de pulmón derecho menos por una temprana cirugía en la Argentina a los 21 —que derivó e imprimió a lo largo de su vida un estatus delicado de salud, cuestión que él mismo con picardía y humor siempre minimizó sobre todo para evitar que se usara para impedirle avanzar con su ansiada peregrinación alrededor del mundo. Esto, sumado a complicaciones respiratorias varias, a una reciente operación de colon, y una flamante internación por neumonía bilateral con traqueotomía incluida que lo obligó a dejarse asistir con respirador mecánico. Aun así, pudo brindar una misa tan emotiva y profunda como lo hizo ayer en la Plaza San Pedro con más de 35 mil fieles esperándolo con ansias.

“No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás”, afirmó el sumo pontífice. Luego almorzó liviano, recibió al vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance y se fue a descansar. El Vaticano confirmó que su fallecimiento se produjo a las 7:35 de este lunes 21 de abril.

Comunicar para el amor

Un Francisco en su máxima expresión, el Papa jesuita, el Papa incansable, y el que solo pensaba en la gente; y no en él. Al punto que el Señor escuchó su plegaria final: que “la muerte no me encontré inconsciente”. Y eso ocurrió.

El papa Francisco siempre predicó lo que él mismo definió como la cultura del encuentro, para la cual, una de sus espadas más afiladas —entendió tempranamente— sería el valor trascendental de la comunicación, sobre todo del acto profundo de comunicar, porque como lo dejó tantas veces claro en sus misas y escritos, consideró la comunicación claramente como un acto de inclusión. Para él, se trataba de abrir y ponderar la diversidad de las voces para todos.

En ese sentido, si se revisa su larga carrera sacerdotal, sus vastos escritos y luego, como máximo Pontífice de la Iglesia Católica del siglo XXI, le importó la información veraz y le preocupaba la desinformación. Esa posibilidad de erosionar la palabra y los actos públicos de las personas en un mundo de comunicación globalizada y de dominancia de las redes sociales, Francisco entendió antes que muchos la importancia de comunicar de manera veraz, más que nunca.

Una y otra vez Francisco, pero Jorge Bergoglio antes, entendió que la comunicación es una herramienta poderosa para la paz y para llevar amor y reparar a los desprotegidos. “La palabra puede curar y sanar”, repitió Francisco tantas veces, algo que los jesuitas de alma como él saben hacer muy bien.

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