El hombre más longevo del Perú celebra 125 años y desafía los récords mundialesPor Carlos Espinoza
A sus 125 años, Marcelino Abad Tolentino, conocido como ‘Mashico’, es el hombre más longevo del Perú y posiblemente del mundo. Su historia de resiliencia, salud y dieta natural revela los secretos de su increíble longevidad
En una pequeña casa hogar de Huánuco, rodeado por la flora y fauna que lo han acompañado durante más de un siglo, Marcelino Abad Tolentino, celebró este 5 de abril sus 125 años. Con este hito, ’Mashico‘, como es conocido cariñosamente, no solo se ha consolidado como el hombre más longevo del Perú, sino que, según las últimas gestiones, su caso podría ser reconocido como el de más edad en el mundo, superando incluso los récords previamente establecidos por personas verificadas internacionalmente.
Desde muy joven, Marcelino, un hombre de apenas 1.30 m de estatura, enfrentó adversidades que habrían desbordado a otros. A los siete años quedó huérfano de padre y madre, quienes fallecieron trágicamente al intentar cruzar el río Huallaga. Fue entonces cuando comenzó una vida de lucha, primero como niño que vivió con los dueños de una hacienda en Chaglla, sin la oportunidad de estudiar debido a la lejanía del centro educativo más cercano. Aunque la vida no fue fácil, Mashico comenzó a cultivar la tierra y criar animales, utilizando las bondades de la naturaleza para subsistir.
Mashico cuenta que su vida estuvo marcada por el trabajo en las chacras y el intercambio de productos mediante el trueque. Un accidente en su juventud, cuando un muro se desplomó sobre él, le dejó secuelas en la cadera, pero la adversidad nunca lo derrotó.
Aunque nunca tuvo hijos ni una pareja, Marcelino vivió de manera autosuficiente, abrazando una vida sencilla y solitaria. Según sus vecinos, su vida estuvo siempre marcada por su solidaridad: a pesar de su soledad, Mashico era conocido por ayudar a quienes lo necesitaban, compartiendo lo poco que tenía y ofreciendo consejos llenos de sabiduría.
A lo largo de los años, Mashico desarrolló una dieta basada en los productos que él mismo cultivaba en su huerto, el cual describía como su “bosque del edén”. Su alimentación, a base de frutas, verduras frescas y carne de cordero, es uno de los factores que más contribuyó a su longevidad.
La rutina de Mashico también incluía masticar hojas de coca, una práctica tradicional de las comunidades andinas, que le ayudaba a mantenerse enérgico. Esta costumbre, aprendida desde sus tiempos de trabajo en las chacras, ha sido parte esencial de su dieta y bienestar.

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