A 25 años de la muerte de Mirko Saric, el caso que interpeló al fútbol argentino: "Era un pichón de Redondo, el dolor es para siempre"Por Pablo Cavallero

El mediocampista de San Lorenzo, por el que ya se habían interesado el Real Madrid y el Mallorca, se quitó la vida el 4 de abril de 2000. El doloroso hecho, desde diferentes prismas

Era un pichón de Redondo, lo más similar que había visto a Fernando Redondo. Tenía un timing impresionante ya de chico. Fue una gran pérdida, lo quería como si fuera un hijo. Era muy respetuoso y un compañero inmejorable para todos. Estaba en todos los detalles, no te faltaba a un entrenamiento. Y las condiciones naturales que tenía… Verlo jugar y convivir con él era maravilloso”.

“Un día me golpea la puerta, me dice: ‘¿Puedo hablar con vos?’. ¿Qué estaba esperando yo? Que dijera ‘mirá, a mí por izquierda no me gusta jugar’, yo lo hacía jugar por izquierda; ‘no tengo marca’, no sé… Me senté en la cama y me dice… ‘No le encuentro sentido a la vida’. Así, de la nada. Yo le dije: ‘Tenés a tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus amigos, los pibes del plantel te quieren, firmaste contrato, jugás al fútbol, ¿qué es lo que querés?’. ‘No me pasa por ahí’, me respondió. Yo no sabía otra cosa. Entonces lo llamé a su papá y le conté. Me avisó: ‘Quedate tranquilo que está tratándose con un psiquiatra’. Y después pasó lo que pasó”, supo narrar Oscar Ruggeri, en aquel tiempo entrenador de la Primera del Cuervo, sobre cómo se quedó sin herramientas ante un desafío que no tenía a la redonda como llave.

“De familia bárbara, le hice firmar a (Fernando) Miele -presidente del club- un contrato por tres años, le dije: ‘Este pibe la rompe, firmale contrato porque te lo van a sacar…’. Una facha infernal, le tenía que sacar las pibas del hotel cuando concentrábamos. Todo, en condiciones de decir: ‘¿Qué problema’?”, insistió el Cabezón, sin respuesta aún con el paso de los años.

Es que los años tampoco brindan una respuesta. En 2020, su familia reveló que, además de la transferencia trunca y la lesión que había puesto en pausa su despegue, vivía un problema personal que no logró superar. “Mirko estaba feliz porque había sido papá. Era una chica del barrio y sabíamos cómo se manejaba cuando él estaba concentrado… La enganchaban con muchos pibes. Pagó fortuna por un ADN para él, la madre y el nene. Dio negativo. Un día me llama con voz de ultratumba y me dice: ‘Mamá, venite urgente para casa’. Cuando llego me muestra los resultados y me dice: ‘¡Tenías razón mamá!’. Lloraba a más no poder. Te juro que en mi vida quise tener la razón. Ojalá hubiera sido de él porque si ese hijo hubiera sido suyo, no se hubiera matado”, contó Ivana, su mamá, en una entrevista con Infobae, de la que también participó su hermano Martín, ex delantero del elenco azulgrana, Sportivo Luqueño, Nueva Chicago y distintos conjuntos de Europa y la MLS.

Pero aún con el acompañamiento de sus compañeros y el cariño que le prodigaban en el club; en una época en la que los pibes surgidos de La Cicloneta de Mariani eran los preferidos de los hinchas; con el cobijo de su familia, con el porvenir que marcaban sus condiciones; nada fue suficiente para anticiparse a la decisión.

Saric había saltado a la élite de nuestro fútbol el 22 de diciembre de 1996, frente a Unión de Santa Fe, con apenas 18 años, reemplazando a un tal Néstor Gorosito. Su técnica y versatilidad impactaron en cada alfarero que lo tuvo entre sus manos, empezando por el citado Mariani, histórico formador, que también fue ayudante de campo de Carlos Bilardo en la selección argentina campeona y subcampeona del mundo en 1986 y 1990, respectivamente.

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