Charly García cumple 75: de Nito Mestre a Hilda Lizarazu, el día que el ícono del rock marcó sus vidas
Compartir con Charly García los patios del colegio. Pasar de ser fan a formar parte de su grupo. O que el impredecible señor Say No More un día se aparezca en la casa de un cantante con su chofer y una botella de whisky. Músicos y productores recuerdan el día que conocieron al ícono del rock nacional que hoy cumple 75 años. En algunos casos, fueron dos. Cuando lo vieron por primera vez, tal vez sobre un escenario. Y luego, el momento en que establecieron definitivo contacto, haciendo música.
Del gran astro del rock vernáculo hoy hablan a LA NACION su compañero de colegio y de Sui Generis Nito Mestre, el guitarrista Pablo Guyot, la cantante Hilda Lizarazu, el productor Cachorro López, el cantante de Virus Marcelo Moura, el baterista Fernando Samalea, la violinista Erica Di Salvo y el tecladista “Zorrito” Von Quintiero.
Nito Mestre
“Con Charly nos conocimos en el tercer año de la secundaria del Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, ubicado en Avenida Rivadavia casi Emilio Mitre, en el barrio de Caballito. Él iba al turno tarde y yo al turno mañana. Pero por una circunstancia de arreglos en el colegio, por un par de semanas mandaron a los del turno tarde a cursar por la mañana. Durante un recreo, unos compañeros me dijeron que en la sala de música de la escuela estaba ‘el otro’. Nosotros a Charly lo llamábamos así porque había dos bandas en el colegio: To Walk Spanish, el grupo de él, y The Century Indignation, que era el mío. Cuando entro a la sala de música, me encuentro con Charly que estaba solo tocando el piano. Entonces me presento, le digo quién soy y él me responde: ‘Ah, vos sos el que tiene la otra banda’. Me acuerdo que, entre otras cosas, empezamos a contarnos qué hacía cada uno con su respectivo grupo. Pero lo más saliente de esa primera charla se dio cuando coincidimos en que a ambos nos encantaban Los Beatles y también la música clásica: él porque había estudiado y yo porque mi papá tocaba el violín. A partir de ahí, inmediatamente nos hicimos amigos y, con el objetivo de juntar fondos para ambas bandas, planeamos hacer lo que en ese entonces se llamaba un asalto. Un compañero del colegio nos consiguió un local vacío frente a Parque Centenario; las chicas llevaron algo para comer, los chicos se encargaron de las bebidas y fue la única vez que To Walk Spanish y The Century Indignation tocaron juntos. Poco tiempo después, unimos lo mejor de ambos grupos y se armó Sui Generis”.
Cachorro López
“A Charly García lo conocí en la casa de Andy Cherniavsky, quien a principios de los años ochenta no sólo era algo así como la fotógrafa oficial del rock argentino sino también un factor aglutinante de toda esa movida que después terminó convirtiéndose en la mujer de Andrés (Calamaro). Charly me impresionó por su sentido del humor súper ácido y extremadamente ingenioso. Enseguida tuvimos buena onda. Recuerdo que en el verano siguiente a ese primer encuentro y estando de vacaciones en Pinamar, me encontré con los Serú Girán que estaban de gira por la costa. Ahí ya se rumoreaba que Charly iba a ser el productor del primer disco de Los Abuelos de la Nada. En ese momento, yo no tenía mucha idea de lo que significaba producir. De todos modos, me parecía algo muy bueno y una gran cosa que él estuviera involucrado”.
Hilda Lizarazu
“A mediados de 1981 yo trabajaba en un archivo fotográfico y allí aparecieron un día los integrantes de Serú Girán que estaban terminando toda la producción gráfica relacionada con el álbum Peperina. Yo tenía 17 años, había regresado hacía muy poquito tiempo de Nueva York y estaba dando mis primeros pasos como fotógrafa. Ese fue mi primer encuentro con Charly García aunque yo ya había escuchado su nombre por primera vez tras diez años de pupilaje en el Dámaso Centeno, el mismo colegio al que él había concurrido. Algún tiempo después, previo a la salida de Clics modernos, la vida nos juntó en el Festival de La Falda, en Córdoba, donde yo había ido a cubrir el evento como fotógrafa de rock para la revista El Porteño o Humor, no recuerdo exactamente. Ahí nos reencontramos en una larga mesa durante una comida, cruzamos un saludo y me dijo: ‘Vos sos Hilda. Yo vi unas fotos tuyas en la revista Cerdos y Peces’. Así establecimos un diálogo cordial de reconocimiento mutuo: yo hacia la estrella de rock a la que conocía desde mis 10 años y él como conocedor de mi obra fotográfica, después de haber visto unas imágenes de unos edificios de Nueva York que yo había tomado y que le habían gustado mucho. Me sentí muy halagada y a la vez me llamó mucho la atención que Charly García viera tantas publicaciones; él era un gran lector de revistas y un ávido consumidor de cultura”.
Marcelo Moura
“Tuve varios encuentros con Charly García en situaciones circunstanciales, pero sí me acuerdo perfectamente de la primera vez que estuve cara a cara con él -dice el músico de Virus-. Recuerdo que me llamó por teléfono para invitarme a su casa. Entonces me dirigí a su departamento de la avenida Coronel Díaz y cuando se abrió la puerta me encontré con no menos de veinte personas dando vueltas por todo el lugar mientras Charly estaba en su cuarto, sentado sobre la cama luciendo una zunga y tocando un teclado. Esa situación me fastidió y me puso un tanto incómodo porque me pareció que dichas personas estaban como aprovechándose de él y faltándole el respeto. De todos modos, me quedé hablando un montón con Charly mientras todo el resto estaba en la suya y haciendo ruido. En un momento, le agradecí la invitación y le dije: ‘Me voy, acá hay mucha gente y no podemos charlar tranquilos’. Una hora después de aquello, sonó el timbre de mi casa en Palermo y apareció Charly con su chofer y una botella de whisky. ‘Me encantó lo que me dijiste en mi casa y que seas tan honesto. Por eso, quise venir a verte para que estemos solos’, me dijo apenas entró. En ese momento, yo estaba componiendo algunos temas y él me pidió escucharlos y que le conectara un teclado. En general, las canciones de Virus no son complejas pero sí impredecibles y no se sabe bien hacia dónde van. Cada vez que le hacía escuchar un tema pensaba: ‘acá cuando cambie la melodía se va a comer la curva’. Pero eso nunca sucedió. Ahí me di cuenta que era el más grande de todos y que no necesitaba nada para entender la música. Charly García es Mozart y lo más grande que ha dado nuestra música”.
Pablo Guyot
“Es difícil determinar cuando uno conoció a Charly porque a principios de los setenta escuché Vida y me impresionó ese disco [de Sui Generis]. Luego lo vi tocando con La Máquina de Hacer Pájaros en un sótano que se llamaba Bola Loca, donde habría no más de 20 personas. Después, cuando yo tocaba con Porchetto hicimos giras juntos. Hasta fuimos a Chile, Charly tocando con Serú y Alfredo [Toth] y yo en la banda de Porchetto. Así fue que un día nos llamaron, a Alfredo y a mi, para que tocáramos en la presentación del disco Clics Modernos. Nos reunimos con Grinbank, nos dieron un casete con la música y a los dos días comenzamos a ensayar con Charly. Le mostramos lo que habíamos sacado y solo nos corrigió unas cositas que no estaban exactamente como en el disco. De ahí en adelante siempre tuvimos una muy buena relación. Después de eso grabamos Piano Bar que, para mí, es uno de mis mejores momentos como músico. Treinta y cinco años después, cuando cumplió 70 estuvimos tocando en los festejos de su cumpleaños. Es una persona que siempre fue muy generosa, increíble con nosotros. Por eso es que cuando me llaman, estoy. Lo admiraba antes de conocerlo, todavía lo admiro. Charly García, un genio”.
Fabián “Zorrito” Von Quintiero
Yo era adolescente y Serú Girán tocaba en un circo, en la Costa. En esa época era así, el circo tenía función a las 20 y luego se armaba para que más tarde tocara un grupo. Nos dieron el dato que Charly estaba en el hotel Gran Playa y nos fuimos con los pibes a conocerlo. Verlo fue un flash, como lo sigue siendo hoy para mucha gente. Después, cuando tocaba en Suéter el vino a producir. Hice dos canciones con Miguel Zabaleta y no podía creer que él produjera mis canciones. Pero yo no tuve intimidad en esos primeros encuentros. No me tenía en su radar. Después, tocando con Soda, en el Festival de La Falda, subió al escenario de invitado, vino a mi teclado y me dijo: “Correte”. No me corrí, me quedé al costado y me saqué la foto con Charly. Una noche, en una fiesta, en los ochenta, le dije que quería tocar con él. “Bueno, yo te aviso”, me dijo. Fernando [Samalea] ayudó mucho para que Charly me considerara. Y finalmente sucedió. Recién cuando armó la banda para presentar Parte de la religión, la relación cambió. Me hizo vivir un montón de cosas que no había imaginado para mi, aunque sí las deseaba porque era su seguidor, desde chico. Esas que eran de un sueño inalcanzable. Y terminamos siendo amigos, de todos los días y para siempre“.
Fernando Samalea
Mis dos primeros encuentros no tuvieron palabras. Primero me colé con un amigo en el camarín de Serú Girán, en 1982. Y luego, en un club de música, Lo de Fontova, cuando fue a zapar. Lo crucé en la puerta. Solo me dijo: “Hola”. Luego, en la grabación de Vida Cruel [disco de Andrés Calamaro], cuando Charly fue a grabar como invitado con Spinetta al Estudio Panda. Ahí enseguida me convocó para grabar en el disco de Fabi Cantilo, que él estaba produciendo. Recuerdo de estar los dos solos, en el estudio, cuando me pedía que afinara un tambor en Re y el resto por terceras menores. Fue aprender. Y siempre fue con mucho humor. Nunca te hacía sentir que dabas examen. Lo que más rescato de Charly es cómo sacó la mejor versión de cada uno de nosotros. Siempre con estímulo y humor”.
Erica Di Salvo
“El Zorrito (Fabián Quintiero), nos llamó, a mi hermano Ulises y a mí para un ensayo, porque Charly quería poner unas cuerdas para su unplugged. Nosotros no conocíamos a nadie. Llegamos a las cinco de la tarde, lo esperamos hasta las doce de la noche. Cayó como una flecha. ‘Hola, yo soy Charly’, me dijo. ‘Hola, soy Erica’, le contesté. Pasamos la música que habíamos ensayado. La grabó, la escuchó y nos dijo. ‘A partir de mañana quiero que sean parte de la banda’. Al día siguiente nos fuimos a Córdoba para hacer Casandra Lounge y desde entonces fueron ocho años de locura infernal. Hicimos giras, grabaciones en España, en Estados Unidos. Me reencontré con él después de muchos años de estar en la banda. Y no paré de abrazarlo y de llorar. Cuando uno es más grande, puede interpretar de otro modo la obra de los artistas. Cada vez que escucho esas canciones, escucho y siento cosas diferentes. La obra es grandiosa”.

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