Juan Hansen, músico: “La primera vez que toqué música electrónica la gente respondía de manera más corporal y bailaba”
Juan Hansen tenía 12 años cuando su abuelo retiró dinero del negocio familiar de medialunas y le compró la batería más barata que pudo encontrar. El instrumento no tenía los parches inferiores, pero para él era “una Ferrari”. Su otro abuelo también marcó su relación con la creación: como no tenían dinero para comprar una guitarra, decidieron construirla juntos.
Después llegaron las bandas de punk, el paso a la guitarra, el conservatorio y el estudio intensivo del jazz. La electrónica apareció primero como una experiencia de escucha y, durante años, Hansen se limitó a acompañar a sus amigos DJs, conectar cables y observar. Mientras vivía del diseño gráfico, comenzó a producir sus propias composiciones con instrumentos analógicos, una computadora y dos viejos parlantes que habían pertenecido a un tío que aún conserva.
Con el tiempo desarrolló una forma particular de tocar en vivo: combina la música electrónica producida por él con instrumentos analógicos ejecutados sobre el escenario, como la guitarra y los teclados, además de voces y loops que graba y modifica en tiempo real. Ese formato desembocó en Ultrasonido, su primer álbum, que saldrá el 28 de agosto y lleva el nombre de un caballo convertido en símbolo de esperanza para su familia.
“No teníamos guita; si querés una guitarra, la hacemos”
—¿Cómo empezaste a hacer música?
—Mis dos abuelos tuvieron mucho que ver. Uno fue el más artista, que desde chiquito me regalaba una caja de herramientas y me enseñaba a crear y hacer cualquier cosa. Esa guitarra que está colgada ahí arriba, de madera, la hice con él. No teníamos guita; si querés una guitarra, la hacemos. Y el otro abuelo fue el que, cuando también faltaba guita, un día yo jodía que quería una batería. Pasó por el local —toda mi familia tenía un local que vendía medialunas, varios tíos eran socios— y sacó plata de ahí. O sea, que me la pagaron entre toda la familia sin que nadie sepa. Fuimos al lugar y me compró la batería más barata que existía, una sin los parches de abajo, pero para mí era una Ferrari, para mí era lo más.
—¿Qué escuchabas? ¿Qué te acordás de esa época?
—Cadena Perpetua, 2 Minutos, Flema. Escuchábamos un montón de bandas de afuera como MXPX, NOFX, The Offspring, todas esas bandas de punk. Pero la idea era siempre hacer temas nuestros, escribir las letras, escribir los acordes. Eran tres acordes, pero por suerte siempre con mi grupo de amiguitos hubo como esto de querer crear, de querer hacer una canción nuestra, que creo que es lindo.
—Y seguiste, porque después fuiste a estudiar a un conservatorio
—Fui al Juan José Castro. Es un conservatorio nacional buenísimo, con sus cosas; había paros, había quilombos, pero la verdad que los profes nos inspiraron bocha. Le agradezco mucho a ese conservatorio. Empecé apenas terminé el colegio, estuve tres años ahí. Era muy difícil avanzar ahí, era muy larga la carrera, y me pasé a una escuela de música contemporánea que era como la antigua Berklee en Buenos Aires, en el microcentro.
—¿Y ahí ya veías algo que te tirara para la electrónica o seguías con el punk rock?
—No, ahí ya tenía 18 o 19 años y estudiaba. Me pasé por todos los estilos, toqué de todo, pero terminamos bastante en el jazz y en el jazz fusión, al estilo de Jaco Pastorius o Weather Report. Así que nos tiramos para toda esa locura, que eso sí es una locura; hay que estudiar mucho, hay que ponerse ocho horas por día a tocar un instrumento para poder tocar eso.
—¿Qué tocabas ahí?
—Tocaba la viola. En el conservatorio estudié piano y después volví a la guitarra. Cuando tocás esos estilos de música, requieren de mucha disciplina. Es lindo conocer esa disciplina en la música y saber que hay un lado de ocho horas por día todos los días. Te focaliza.
“Con esto solo yo puedo tocar como si fuese una banda”
—¿Cuándo entra la electrónica en tu vida? ¿Te acordás qué escuchaste por primera vez?
—Ponele que a los 20, solo de escucharla. Arranqué con Tiësto y todo el trance. Escuchaba esos temas eufóricos y realmente era como: “¿Qué es esto?”. Capaz que también escuchábamos Metallica, que es super eufórico. Con un amigo nos encerrábamos en el auto de nuestros viejos con el volumen al taco con trance. Fueron las primeras veces que empezamos a sentir la música electrónica así. Unos años después, a los 24 o 25 años, nos fuimos los dos solos a Creamfields. Fue una noche impresionante, se nos quebró la cabeza literalmente de todo lo que escuchamos. Carl Cox cerrando; impresionante.
—¿Y todavía no tocabas electrónica?
—No, tuve años solamente escuchando música electrónica. Amigos míos empezaron a ser DJs y yo era el que los ayudaba. Yo iba y conectaba los cables. Sabía de todo eso porque venía desde chiquito con bandas. Capaz que les desarmaba o arreglaba una consola, les ayudaba a conectar los parlantes o armaba cables.
—¿Y de qué vivías?
—Vivía de diseñador gráfico, cosa que no soy, pero siempre me gustó. Soy muy nerd, soy muy fanático de la compu y los softwares. De muy chiquito aprendí a usar todo el pack de Adobe. Me sirvió un montón en la vida. En 2014, cuando hice el primer viaje de mochilero a Europa conseguí un laburo porque sabía usar Photoshop. Terminé laburando de diseñador gráfico varios años viviendo con amigos. Igualmente, yo tenía una mesita con dos parlantes negritos que eran de mi tío de los 90 y empecé a hacer música con eso.
—¿Hacías música con instrumentos analógicos?
—Con instrumentos analógicos, pero empezaba a meter condimentos electrónicos porque al hacer música uno solo en un cuarto con una computadora, se volvió muy fácil el acceso a la tecnología. Era fácil descargar los softwares, obviamente piratas, descargábamos librerías y todo estaba al alcance de la mano. Así, como un montón de chicos de todo el mundo, empecé a hacer música de la noche a la mañana simplemente porque era muy sencillo acceder a todo eso. Un amigo me regaló un día un controlador MIDI, que es un aparato que funciona para controlar Ableton, que es el software que uso para tocar. Este aparato fue el que un poco me cambió la vida; dije: “Che, con esto yo puedo tocar solo como si fuese una banda”.
—¿Qué hace ese aparato?
—Es sencillo, lo que hace es controlar el software. Vos podés modificar todo el software, que es básicamente como una consola de audio normal, pero digital y con más cosas. Podés empezar, por ejemplo, a lupear cosas. Podés tener un canal que te deja apretar un botón, decir “hola, hola, hola” y que eso quede lupeado. Podés generar loops de baterías, grabar un bajo, grabar una guitarra y jugar con eso, poniendo play y stop a diferentes cosas y eso va generando música en el momento. Como yo venía de tocar tanto con amigos y hacer tantas zapadas e improvisaciones, me fue un poco fácil esto de zappear conmigo mismo. Grabo la batería, el bajo, la guitarra y después juego con las grabaciones.
Obviamente, al principio no sonaba a música electrónica, sonaba más como un R&B, medio Soul. Después me empecé a dar cuenta de que mientras hacía la música más intensa, la gente más se movía. Eso es lo lindo de la música electrónica; yo venía de tocar en millones de shows con bandas, pero la primera vez que toqué algo parecido a música electrónica me di cuenta de que la gente respondía de otra manera, mucho más corporal y bailaba.
—¿Te acordás de esa primera vez que te presentaste y tocaste electrónica? ¿Hacías en esa época lo mismo que ahora o cambió?
—Muy parecido. Ya metía instrumentos de una, porque ese era mi lugar de confort. Yo venía de tocar instrumentos desde pibe: bajo, batería, guitarra; no hacía nada muy bien, pero podía tocar un poco de todo. El lugar que tenía que aprender era la otra parte, la parte repetitiva de la música electrónica, del beat, de la espera y de la paciencia. Agarré y dije: “Bueno, voy a empezar con esto”.
“¿Vas a tocar una de Pink Floyd?”
—¿En tus shows siempre remixás temas de rock?
—En verdad es todo música mía con algunos covers de artistas argentinos. Siempre lo hago porque me encanta honrar la música que me gustó y que amo. En el caso de Bye Bye de Babasónicos, por ejemplo, es un remix oficial que me pidió la banda porque tengo una buena relación con ellos. En el caso de Gustavo [Cerati], me hubiese encantado haber tenido una relación con él para hacer algo oficial. No puedo, entonces hago mi pequeño aporte y mi versión para que la gente escuche mi forma de interpretar a Cerati de una forma electrónica.
—Cerati era bastante electrónico…
—Super electrónico. Él nos ayudó a marcar el camino de cómo ingresar la música electrónica en el rock en la Argentina. Lo hizo de una manera sublime, con tan buen gusto que terminó influyendo al resto.
—¿Cómo sentís que el público de la electrónica recibió tu propuesta de meter rock en las presentaciones? ¿Tuviste algún abucheo?
—El público argentino realmente es increíble porque es abierto de cabeza; cuando empecé a mostrar lo que hacía, lo recibieron re bien. Lo que sí me pasó es que, como no había muchos haciendo esta locura, yo capaz caía a un lugar como Palacio Alsina, Crobar o The Bow con un montón de aparatos y la guitarra, y los sonidistas me miraban y me decían: “¿Y este qué hace acá? ¿Vas a tocar una de Pink Floyd?”. Al principio era raro. Yo les explicaba que necesitaba soporte de micrófono, de guitarra, que el mixer era diferente. Casi siempre terminaba todo con muy buena onda y la misma gente me venía a decir: “Che, loco, está bueno, te la jugaste”. Realmente me gustan los artistas que se la juegan, como Freddie Mercury yendo al estudio y cantando una nota súper difícil que después tiene que defender en vivo. Esa conexión, donde entendés que el artista se la está jugando y hay un pequeño sufrimiento en el buen sentido, es la conexión máxima público-artista para mí.
“A la mierda la industria de lo rápido”
—Siguiendo con lo de correr riesgos, lanzás un disco en una época donde no es tan común, y menos en la electrónica donde se estilan más los EPs o singles. ¿Por qué tomaste ese riesgo?
—Es un sueño de toda la vida. Es un poco decir “a la mierda todo”, a la mierda la industria de lo rápido y del single esporádico. Lo hago para mí porque toda la vida quise sacar un disco con un concepto, un viaje real, con vinilo, arte de tapa y el librito adentro. Toda esa mística que yo palpé en los 90 era algo que siempre quise hacer. Si tres o cuatro personas se toman el trabajo de escucharlo entero y les gusta, ya cumplió su cometido.
—Tiene muchas colaboraciones, ¿no?
—Tiene varias colaboraciones de artistas argentinos y sale por un sello que armé especialmente para sacar este disco. Es todo super riesgoso. El disco tiene de todo; es una mezcla de estilos. Empieza con mucha intensidad, baja a un lado mucho más sensible y tranquilo, y vuelve a subir al final. Le puse Ultrasonido porque es el nombre de un caballo que es como un símbolo de esperanza para mi familia.
—¿Qué pasó con ese caballo?
—El mismo abuelo que me compró la batería, en un momento difícil de la vida, compró una camioneta. A la semana vino el hijo del vendedor a decirle que la camioneta era de él y que el padre la había vendido porque era burrero y había perdido toda la guita. Le dijo: “Lo único que te puedo dar es un caballo”. Ese caballo se llamó Ultrasonido y terminó ganando todos los premios de la Argentina y el de Santa Anita de California. Fue el símbolo de esperanza que trajo guita para generar proyectos. Mi abuelo compró una lancha y le puso Ultrasonido; la lancha de mi viejo se llama Ultrasonido II y la mía es Ultrasonido III. El disco se llama Ultrasonido y mi controlador también. Es algo de fortaleza y de seguir para adelante.
— ¿Sos gran pescador? ¿Sos timonel?
—Soy timonel. Crecí acá, en Victoria, al lado del río. Mi abuelo era pescador, mi viejo también. Hoy en día pescamos con mosca y tratamos de no lastimar a los pescados; somos mucho más conscientes y fanáticos de la naturaleza. Es una unión increíble entre padre, hijo y abuelo. Mi abuelo ya no vive, pero me dejó este fanatismo. Me voy a pescar a Salta o a los Esteros del Iberá solo o con mi viejo y sus amigos. La pesca es mi lado callado; tengo el club y el volumen, y por otro lado tengo la paciencia y la tranquilidad de la pesca, donde no se escucha música, sino la naturaleza.
—¿Cuándo lanzás el disco y dónde lo vas a presentar?
—El 28 de agosto sale el disco y el 29 hacemos la primera presentación en Córdoba, en La Cantera. Es un lugar nuevo que elegí específicamente porque está entre la naturaleza y las sierras; quería que fuera al atardecer, de día, en un lugar abierto. Después sigue la gira por todo el país, son como 20 fechas. La semana siguiente, el 5 de septiembre, es en Buenos Aires en el Club AMK. Esa la vamos a filmar para que después salga en YouTube. Por suerte ya quedan pocas entradas para las dos.

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