Los amantes de Verona vuelven al Teatro Colón: cómo es la puesta de I Capuleti e i Montecchi que se estrena este martes
Arquetipo de la atracción y la pareja romántica, del amor idealizado y puro, juvenil, eterno y trágico. Romeo, de la familia de los Montesco. Y Julieta, de sus rivales, los Capuleto. Desde la Verona medieval hasta nuestros días, la leyenda de una enemistad legendaria que, en las más diversas expresiones del arte, lleva ocho siglos conmoviendo a la humanidad.
En el caso del libreto de Felice Romani (con variantes respecto de la versión de Shakespeare, la más difundida de la historia), el drama se traslada al territorio de la música y lo hace en la forma más perfecta que su materia reclama, esto es, la ópera. El drama convertido en melodía. De la pluma más exquisita e inspirada del belcanto, la de Vincenzo Bellini (el siciliano que en solo 33 años de vida le dio al género varios títulos inolvidables: Norma, La Sonámbula, I Puritani entre otros). A 55 años de su debut en el Teatro Colón, I Capuleti e i Montecchi (ópera comisionada por La Fenice de Venecia, que en seis semanas de composición logró un éxito abrumador en las nueve funciones de su estreno en 1830) vuelve a representarse en el coliseo porteño en una nueva producción con régie de Pablo Maritano y dirección musical de un especialista, el reconocido maestro Evelino Pidò, quien conversó con LA NACION sobre la puesta.
–¿Qué es la belleza en la música de Bellini?
–La pureza. Dentro de la tríada del belcanto que conforman con Rossini y Donizetti, Bellini es el epígono. Es el compositor a quien probablemente podríamos definir como el verdadero maestro del belcanto. Lamentablemente murió muy joven. Escribió diez óperas, pero su música perdurará para siempre porque su melodía es verdaderamente única, nos llega al corazón y nos conmueve el alma. ¡El final, por ejemplo, de la muerte de los dos amantes! Está resuelto de un modo magistral. Sabemos que, en aquella época, con los caprichos de las sopranos desde la Malibrán en adelante, cantaban otro final (el del Nicola Vaccai compositor que también escribió sobre Romeo y Julieta), porque la soprano se lucía con un aria y cabaletta. Y Bellini ciertamente no quería esto. Él quería que los amantes se apagaran, se extinguieran, de una manera sutil y conmovedora.
–¿En qué punto consigue Bellini aunar la emoción con la pureza?
–Yo diría que en la simplicidad. ¿Cuántas músicas nos deparan momentos conmovedores? Una infinidad. Pero Bellini cuenta con esa belleza de sus melodías increíblemente largas (la melodia lunga), infinita y fluida, y un acompañamiento instrumental elegante y simple como si casi no existiera. Es la simplicidad que reviste una dificultad extrema.
–¿Por qué?
–Porque como les decía a los músicos, en la literatura de Bellini es necesario dialogar con el escenario, ofrecer un apoyo continuo, dar vida con matices, colores y fraseos. Solo así, la interpretación de lo simple se mantiene a la altura de Bellini. Los recitativos, que representan atmósferas, personajes y situaciones, e inducen al aria, son importantes y difíciles porque tienen que encontrar el tono. A la música de Bellini le encanta el silencio. Y así como en el teatro, en la música como en la prosa, el silencio tiene un tiempo fisiológico vital. El punto es encontrarlo, encontrar el tiempo de ese silencio.
–¿A qué indicaciones instrumentales recurre para que los acompañamientos silenciosos, no suenen pobres ni vacíos?
–Lograr que la emoción del belcanto llegue al público y conmueva es una tarea. Es una literatura difícil de interpretar realmente bien. Yo tuve la fortuna de contar con grandes maestros desde chico y tengo además una predilección por este repertorio. Las indicaciones: ser cuidadoso y mantener la tensión. Además de los acompañamientos hay solos instrumentales y la sinfonía en la orquesta que es una partitura técnicamente difícil. Otra indicación es la lectura como música de cámara, tocar como si fuera un cuarteto, que es la única forma de mejorar el toque y el sonido. La orquesta, que tiene mucho potencial, se fue adentrando en el estilo. Por supuesto que están el coro masculino, que es protagonista, y los dos elencos con los que hemos trabajado muy duro para llegar a un resultado con el que estoy feliz.
–Chopin, compositor pianístico que nunca escribió para la voz, encontró en Bellini uno de sus paradigmas. ¿Qué particularidades hacen a su melodía tan única?
–El hecho de que fluye con naturalidad. El hecho de que la pureza, esa música llena de expresión y amor en cada nota, es la naturaleza propia de Bellini. Es increíble cómo lo logra, cómo le brota del corazón. Como intérpretes, debemos encontrar la clave del interés continuo porque la melodía es una cosa y está allí, por supuesto, pero se apoya en un andamiaje de armonías y acompañamientos a los que se debe dotar de color para no aburrir. Ese es el peligro.
–Hablando de ese peligro —pecado mortal en un escenario—, lo llevo a la ópera contemporánea. ¿Por qué mientras el público admira un arte de 200 años permanece indiferente ante una creación actual?
–De joven me acerqué a la música contemporánea y participé de estrenos europeos, pero luego la abandoné. ¿Por qué al público le sigue interesando la tradición? Porque creo que no hubo renovación como en la pintura o la escultura y otras artes que supieron cautivarnos. En la música contemporánea, en cambio, no hay discurso innovador. Y en la ópera, lo que captura es el elemento visual. Si la escenografía es bella… Pero la ópera es un género donde manda la música.
–¿Y por qué la ópera de nuestro tiempo no convence a nadie (músicos, cantantes, público)?
–Porque son públicos diferentes. Al público de la lírica, la música contemporánea no le interesa. Y, sobre todo, porque no toca ninguna cuerda importante del ser humano.
–Volviendo a Bellini, ¿cómo se ensambla la música con la escena en esta nueva producción?
–Es una producción hermosa que respeta la música. Personalmente, como dije, estoy contento con el resultado, trabajando 9 a 10 horas por día con cantantes, coro y orquesta. Yo quiero mucho a la Argentina, a Buenos Aires, y al Teatro Colón. ¡Como por Bellini, siento una atracción fatal por este país, esta ciudad y este teatro! El Colón es una casa que me conmueve, tanto que uno de mis sueños es convertirme un día en director de esta orquesta con la que tengo una relación tan hermosa, de estima y amor mutuo.
–En tapa de LA NACION del sábado 20, leímos que “Meloni se ofendió con Trump y el vínculo de los aliados está roto”. ¿Qué reflexión nos deja en este momento como músico viniendo de Italia, de Europa?
–Estoy preocupado como muchos por la situación actual, por la sociedad en que vivimos, llena de agresiones y violencia incluso verbal. Yo tuve la suerte de que la madre naturaleza me besara la frente con el don de la música, la más grande y elevada de las artes para expresarle amor a la humanidad. Y mi reflexión en este momento desde la música con la obra de Bellini es transmitir, de cara a la guerra, un mensaje de amor y paz.
Para agendar
I Capuleti e i Montecchi. Nueva producción del Teatro Colón. Ópera en dos actos de Vincenzo Bellini con libreto en italiano de Felice Romani. Dirección musical: Evelino Pidò. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección escénica: Pablo Maritano. Dirección del Coro Estable: Miguel Fabián Martínez. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Vestuario: Emilia Tambutti. Iluminación: David Seldes. Diseño de video: Juan Selva. Reparto: Giulietta (Yaritza Véliz/Jaquelina Livieri), Romeo (Silvia Tró Santafé/Ekaterina Vorontsova), Tebaldo (Ioan Hotea/Santiago Martínez), Capellio (Nicola Ulivieri/Sergio Wamba), Lorenzo (Fabrizio Beggi/Fernando Radó). Estreno: martes 23, a las 20. Próximas funciones: 24, 25, 26, 28, 30 de junio y 1º de julio. En el Teatro Colón.

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