Descubren un mecanismo natural en los océanos que podría acelerar el cambio climático
Un grupo de científicos identificó un proceso biológico en aguas superficiales marinas que favorece la liberación de metano, un gas con alto potencial de calentamiento atmosférico
La presencia de metano en las aguas superficiales del océano desafía las expectativas sobre el comportamiento de los gases de efecto invernadero en ambientes bien oxigenados. Conocido por su alta capacidad para retener calor en la atmósfera, se detecta en niveles elevados donde, según los procesos clásicos, no debería producirse.
El fosfato, esencial para la vida, escasea especialmente en las regiones subtropicales, porque en esas zonas el agua superficial se encuentra aislada de las capas profundas del océano y recibe pocos nutrientes desde el fondo. Esta limitación obliga a los microorganismos a buscar fuentes alternativas de fósforo, lo que desencadena la liberación metano como subproducto. Allí, más del 90% del metano formado logra escapar hacia la atmósfera antes de ser eliminado por otros mecanismos naturales.
Los investigadores evaluaron diversas teorías sobre el origen del gas en aguas oxigenadas, como su formación durante la fotosíntesis de organismos microscópicos, el metabolismo de animales pequeños del plancton o la descomposición de distintos compuestos orgánicos. Los resultados muestran que solo la relación directa entre la falta de fosfato y la producción de metano consigue explicar los valores elevados observados en la superficie del océano.
El fenómeno se concentra principalmente en regiones subtropicales, como el Atlántico norte, donde las mediciones de fosfato son especialmente bajas. Según las estimaciones del modelo, cada año se forman más de dos millones de toneladas de metano de origen biológico en la superficie del océano, y más del 90% de ese gas termina liberado en la atmósfera.
Para llegar a sus conclusiones, el equipo científico empleó un modelo global que se ajustó con datos reales tomados en 11 rutas de investigación en el océano que abarcaron zonas polares y tropicales. Esto permitió analizar cómo se mueve y transforma el metano a diferentes profundidades, así como su intercambio con la atmósfera y su eliminación por procesos naturales.
El modelo consideró distintas fuentes y mecanismos que podrían explicar la presencia de metano en el océano abierto. Los autores probaron seis hipótesis diferentes, cada una asociada a un posible proceso biológico, y compararon los resultados del modelo con los datos reales para ver cuál encajaba mejor.

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