10 vinos de diferentes regiones para recorrer la Argentina a través de las copas
El auge del enoturismo ha acercado mucho más al consumidor a las regiones vitivinícolas con propuestas que van más allá de los vinos, aunque también se puede “viajar a ellas” utilizando los sentidos y la imaginación, para apreciar el carácter distintivo que cada lugar les imprime a sus etiquetas
El vino argentino está demostrando todo lo que puede dar porque no solo su calidad es la más lograda de la historia, sino que la diversidad ya no está atada solo a una palabra, sino a un concepto que se puede apreciar en los vinos.
Ahí es donde el poder de los varietales hace lo suyo porque le ha facilitado la elección a cientos de miles de consumidores alrededor del mundo. Antes, los vinos eran conocidos por su lugar de origen, una costumbre heredada del Viejo Mundo.
Sin embargo, había que ser un experto para dar con un buen vino. Con el auge del Nuevo Mundo, en los sesenta, el consumidor tuvo en el nombre de la variedad, un gancho fácil, y eso acercó mucha gente al mundo del vino.
El estilo también es determinante, puede ser tradicional o moderno. El primero se logra a partir de una elaboración más “relajada” en la que se busca “oxidar” positivamente los vinos durante la elaboración y la crianza. Con esto se obtienen vinos más suaves, tanto en texturas como en sabores. Mientras que los vinos actuales no temen a mostrarse “desnudos”. Con el carácter de su fruta joven resaltado por la frescura (acidez) y la textura (los taninos). Es cierto que esto puede generar sensaciones diversas que alteran su equilibrio. Sin embargo, si está bien logrado, con el tiempo, estos vinos ganan en armonía. Pero mientras, reflejan la fuerza de la fruta con intensidad de aromas y sabores.
La cosecha o añada puede llegar a ser otra variable de elección, sobre todo para los conocedores. No porque recuerden cómo fue la influencia climática en cada caso, sino porque saben que a los buenos vinos el tiempo no los mejora, pero si los acomoda. Y en la Argentina, a diferencia del Viejo Mundo, las añadas son bastante buenas en general. Y, con el paso de los años, su influencia se siente más. Por ejemplo, de un año cálido no se puede esperar un vino tenso ni un vino longevo, porque la uva maduró rápido. Por el contrario, si la marcha climática fue moderada, las temperaturas medias bajas, las horas de sol no tan intensas y la amplitud térmica bien marcada, la madurez será óptima.
La marca o el hacedor, sin dudas, son otros aspectos muy tenidos en cuenta por los consumidores, sobre todo en la era de las redes sociales. Y ya sea por recomendación o por elección, muchas preferencias se asocian al prestigio de una etiqueta o a la fama de un enólogo.

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