Descubren que las lunas de planetas sin estrella podrían albergar condiciones para la vida

Investigadores demuestran que algunos cuerpos celestes pueden conservar agua líquida durante más de cuatro mil millones de años

Un universo oscuro, frío y aparentemente inhóspito se extiende más allá de las estrellas que iluminan nuestras noches. Allí, planetas errantes recorren la galaxia. Hasta hace poco, la ciencia los consideraba lugares incapaces de albergar vida.

El estudio detalló que, cuando un planeta es expulsado de su sistema estelar, sus lunas suelen quedar atrapadas en órbitas elípticas. Estos movimientos generan intensas fuerzas de marea que deforman periódicamente el interior de la luna, provocando fricción y, con ello, calor. Este fenómeno puede ser suficiente para mantener océanos de agua en estado líquido incluso sin la energía de una estrella cercana.

El papel de la atmósfera de hidrógeno resulta decisivo. En la Tierra, el dióxido de carbono actúa como gas de efecto invernadero, pero se solidifica a temperaturas extremadamente bajas, perdiendo su capacidad de retener calor en ambientes tan fríos como el espacio interestelar. El hidrógeno, en cambio, permanece gaseoso incluso a temperaturas muy bajas y, bajo alta presión, puede atrapar eficazmente el calor gracias a un fenómeno llamado absorción inducida por colisiones.

Nuestra colaboración con el equipo de Prof. Braun nos ayudó a reconocer que la cuna de la vida no necesariamente requiere un sol”, explicó Dahlbüdding. “Descubrimos una conexión clara entre estas lunas lejanas y la Tierra primitiva, donde altas concentraciones de hidrógeno generadas por impactos de asteroides podrían haber creado condiciones para la vida”.

El modelo desarrollado indica que, bajo estas circunstancias, una luna podría mantener agua líquida durante un periodo que permite la evolución de formas de vida complejas. Estudios anteriores estimaban que atmósferas de dióxido de carbono solo asegurarían condiciones estables por 1.600 millones de años, un lapso posiblemente insuficiente para el desarrollo de organismos multicelulares. El hidrógeno, en cambio, prolonga esa ventana hasta casi 4.300 millones de años.

La investigación también sugiere que las fuerzas de marea no solo proveen calor, sino que podrían impulsar procesos químicos fundamentales para el surgimiento de la vida. Las deformaciones periódicas inducen ciclos de evaporación y condensación del agua, condiciones que, según la literatura científica, favorecen la formación de moléculas complejas. “El calor de las mareas y los ciclos húmedo-seco podrían facilitar pasos cruciales hacia el origen de la vida”, detalló el trabajo publicado.

Los comentarios están cerrados.