Un estudio reveló que no todos los animales silvestres le tienen miedo a los seres humanos
Un análisis comparó cómo distintas especies ajustan su comportamiento ante la presencia de personas y encontró que las reacciones no siempre son de temor ni siguen un mismo patrón
La interacción entre personas y animales silvestres produce efectos complejos sobre el comportamiento de las especies, especialmente cuando las actividades humanas implican riesgos directos o cambios en los entornos naturales. Las modificaciones en la vigilancia, el tiempo dedicado a buscar alimento y el movimiento de los animales fueron asociadas tanto a la presencia de cazadores como a otras formas de contacto no letal, como el turismo o la infraestructura urbana.
Las respuestas a las actividades humanas no letales resultaron más variables. El turismo, las caminatas en parques y otras formas de presencia activa humana sin intención de matar, generaron patrones de comportamiento menos consistentes. De acuerdo con el estudio, “los efectos de las actividades no letales activas sobre el forrajeo fueron positivos pero no significativos”, y la vigilancia se incrementó, aunque en menor medida que en contextos de amenaza letal.
Un hallazgo llamativo del trabajo es que las interacciones pasivas, como la presencia de caminos y asentamientos humanos, no produjeron efectos sistemáticos sobre la búsqueda de alimento ni el movimiento animal, pero sí una reducción de la vigilancia en muchas especies.
De acuerdo con el informe, existen casos en los que algunas especies, como los perros de las praderas y ciertos primates, muestran un aumento en la búsqueda de alimento y una reducción en la vigilancia en zonas cercanas a caminos, lo que se asocia al efecto de escudo humano en entornos modificados por personas. El fenómeno, relacionado con la llamada “hipótesis del escudo humano”, sugiere que algunas presas encuentran refugio cerca de los humanos porque los depredadores tienden a evitar estas áreas.
No obstante, el trabajo advierte que la presencia de infraestructuras también puede acarrear riesgos, como atropellos o cambios en la cobertura vegetal que dificultan la evasión frente a amenazas. Las respuestas de los animales a estos entornos resultaron muy dependientes de la especie, el contexto ecológico y la historia de interacción con el ser humano.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo realizó una revisión sistemática, que incluyó tanto estudios experimentales como observacionales publicados en los últimos treinta años. Se analizaron investigaciones que midieron parámetros claves como el forrajeo, la vigilancia y el movimiento, excluyendo reacciones inmediatas como el escape y respuestas fisiológicas.

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