Descubren un fósil excepcional de dinosaurio con piel y espinas sin alteraciones
Paleontólogos hallaron en China una nueva especie de iguanodonte que revela una adaptación corporal inédita en los dinosaurios y abre nuevas preguntas sobre su evolución, ecología y comportamiento
Durante más de dos siglos, los iguanodontes ocuparon un lugar central en la historia de la paleontología. Desde su identificación temprana en Europa hasta su expansión global en el registro fósil, este grupo de dinosaurios herbívoros ayudó a construir la imagen clásica de los grandes comedores de plantas del Cretácico.
A partir de restos fósiles excepcionalmente bien conservados de un ejemplar juvenil de hace 125 millones de años, los investigadores identificaron una nueva especie que amplía de manera radical el conocimiento sobre la diversidad corporal de los iguanodontes.
El descubrimiento se publicó en la revista Nature Ecology & Evolution y se apoya en el análisis de tejidos blandos fosilizados, una rareza extrema en el registro fósil. Gracias a esta preservación extraordinaria, los científicos accedieron a información que suele perderse con el paso del tiempo, como la estructura microscópica de la piel y sus células.
Según explicó el CNRS en un comunicado, “hasta ahora, no existía ninguna prueba que atestiguara la existencia de tales púas en los dinosaurios”. Esa afirmación resume el alcance del hallazgo, que no solo describe una nueva especie, sino que también documenta una innovación evolutiva sin precedentes dentro del grupo.
La nueva especie fue bautizada Haolong dongi, en honor a Dong Zhiming, pionero de la paleontología china. El nombre reconoce la trayectoria de uno de los investigadores que impulsó el estudio de los dinosaurios en Asia y que contribuyó a posicionar a China como una de las regiones clave para la investigación paleontológica mundial.
La base del descubrimiento fue un esqueleto juvenil casi completo y articulado, acompañado por amplias zonas de piel fosilizada. Este tipo de preservación resulta extremadamente poco común, ya que los tejidos blandos suelen degradarse rápidamente tras la muerte del animal. En este caso, condiciones ambientales particulares permitieron que la piel quedara sellada y protegida durante millones de años.

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