Cómo la adaptación de los bosques al cambio climático podría definir el riesgo de incendios forestales
Un estudio muestra que la transformación de la vegetación y la distribución de especies en respuesta a las nuevas condiciones de temperatura y humedad influye de manera decisiva en el fuego
La relación entre el cambio climático y los incendios forestales preocupa en regiones de clima mediterráneo, donde la frecuencia y severidad de estos eventos aumentan. Factores como la temperatura, la humedad y la composición de los bosques determinan cómo y dónde se propaga el fuego, lo que influye en la seguridad de comunidades y en la gestión de los recursos naturales.
Para probar esto, los investigadores analizaron años de incendios históricos en Portugal con un modelo que demostró una gran precisión en sus resultados. Esta validación técnica asegura que el sistema es capaz de identificar con éxito las zonas con mayor probabilidad de sufrir un fuego.
Al proyectar el futuro hasta 2060, el trabajo comparó qué ocurriría si el bosque se mantuviese estático frente a un escenario donde los árboles se desplazan y evolucionan. Los resultados muestran variaciones locales muy marcadas. El escenario de bajas emisiones (el más “optimista” a nivel global) es el que provoca los mayores cambios locales debido a que el hábitat se vuelve más ideal para ciertas especies. Bajo estas condiciones, especies como el eucalipto ganan terreno y elevan el riesgo en regiones donde antes el peligro era menor.
Para dimensionar este hallazgo, el artículo indica que, en dicho escenario de bajas emisiones, el área quemada podría subir un 59% si se ignora la transformación del paisaje. Sin embargo, esa cifra cae a un 3% cuando el modelo incorpora el movimiento real de las especies de árboles. Esto demuestra que la composición del bosque es un factor determinante para entender la verdadera amenaza del fuego.
El trabajo identifica que la ubicación de especies como el eucalipto, el pino y la acacia cambiará según el clima, lo cual altera la estructura de los montes y su susceptibilidad ante las llamas. Aunque los focos de mayor riesgo se mantienen en el norte de Portugal, aparecen nuevas zonas críticas en el centro-sur asociadas a la expansión de estos árboles inflamables. El documento destaca que el escenario con las temperaturas más altas no siempre es el que genera el mayor riesgo local.
“Si solo se considera el impacto del clima e ignora la vegetación, se pasarán por alto los patrones de incendios forestales que ocurrirán. La vegetación opera en una escala temporal diferente a la del clima o el tiempo atmosférico”, explicó Augustin Guibaud, profesor adjunto de Tandon en la Universidad de Nueva York, en un comunicado oficial.

Los comentarios están cerrados.