El miedo al error: qué lo origina, cómo impacta y las estrategias de expertos para afrontarlo
La dificultad para atreverse, la presión por alcanzar logros y la autoexigencia extrema pueden generar inseguridad y bloquear la creatividad
“Una persona que nunca cometió un error, nunca intentó nada nuevo”, decía Albert Einstein.
Para muchas personas, el miedo al error deja de ser una simple incomodidad y se transforma en una amenaza existencial. No se trata solo de fallar, sino de sentir que, tras ese desliz, se abre un abismo difícil de cerrar.
El temor a equivocarse no es solo un rasgo de personalidad ni un capricho cultural. Según Jorge Eduardo Catelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires, este fenómeno está anclado profundamente en la forma en que pensamos y sentimos.
“El error no se vive como un fallo técnico ni como una equivocación puntual, sino que adquiere un nuevo valor para la realidad psíquica, como amenaza de pérdida de amor, de reconocimiento y de lugar simbólico en relación con los otros”, explicó Catelli en diálogo con Infobae. Así, equivocarse puede sentirse como una caída fuera de la escena del reconocimiento, más allá del simple tropiezo.
Desde el psicoanálisis, el miedo al error se relaciona directamente con la angustia de desamparo, es decir, ese miedo profundo a quedarse solo o sin apoyo. El ser humano nace en una condición de desvalimiento y dependencia radical del Otro, o sea, dependemos de los demás para sentirnos queridos y seguros. En este contexto, errar no solo amenaza la propia imagen, sino también la pertenencia y el valor ante los demás.
El análisis clínico revela que existe una instancia psíquica, el superyó, esa voz interna muy exigente y crítica que todos tenemos, que puede transformarse en un juez implacable. Catelli detalló: “El superyó no funciona siempre como brújula ética; con frecuencia opera como una instancia persecutoria, cruel y sádica”. Al interiorizar esta voz, la autoexigencia se vuelve feroz y la autocrítica se instala como una presencia constante. El error se convierte en la prueba que habilita el castigo y la humillación subjetiva.

Los comentarios están cerrados.