05:31Grilletes rotos y pánico: la fuga de ocho presos del puerto de Buenos Aires que no querían ser enviados a la cárcel de Ushuaia
Fue en la mañana del 10 de enero de 1925 cuando estaba por zarpar el barco que los llevaría al sur. Hubo forcejeos, disparos y detenidos que corrían en todas direcciones, que se confundieron con la gente que iba a despedir a sus familiares y amigos
Era habitual que en la Penitenciaría Nacional, que funcionaba donde ahora está el Parque Las Heras, en el barrio de Palermo, se confeccionasen listas de presos que se trasladarían al presidio de Ushuaia, de acuerdo al delito cometido, su historia delictiva, su conducta, su comportamiento en los talleres y si recibían o no visitas. Allí compartirían celda con penados que purgaban las penas más graves y los que recibían la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado, por lo general los reincidentes.
A tres cuadras del muelle en la ciudad de Ushuaia estaba el presidio, que había comenzado a funcionar en 1902. Constaba de cinco pabellones desplegados en forma radial. En total había 380 celdas unipersonales que, con el correr del tiempo y del aumento de la población carcelaria, en cada una de ellas convivían cuatro o más individuos. El frío extremo, la crueldad de los guardiacárceles, las enfermedades, la mala alimentación la convertían en un verdadero infierno en la tierra.
En la noche del 9 de enero de 1925 hubo un traslado. Pero por su uso, los grilletes no eran tan seguros como parecían y, para abaratar costos, los presos en lugar de ir en un buque de la Armada fueron subidos a la bodega del “Buenos Aires”, un vapor que llevaría pasajeros hacia el sur.
Hubo presos que decidieron fugarse, intención que siempre estuvo presente en todos a los que se les comunicaba que los llevarían a Ushuaia.
Esa misma noche, 103 presos fueron llevados a la bodega del barco, anclado en Dársena Sur. Partiría por la mañana. Custodiados por marineros armados, abordaron por una planchada iluminada por potentes reflectores. El capitán del buque era Enrique Mudrich.
En la mañana, en las inmediaciones del muelle, había mucha gente despidiendo a sus seres queridos que partían. Media hora antes de zarpar, se escucharon tiros. Vieron a dos hombres forcejear y uno de ellos alertaba que el otro era un preso que pretendía escaparse.

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