Venezuela es un gigante de reservas y un enano productivo en el mercado petrolero mundial: qué puede cambiar
Bajo el chavismo, su producción petrolera colapsó, pero sus recursos siguen siendo los más abundantes. Datos y proyecciones de la OPEP y la Agencia Internacional de Energía
Aunque es muy temprano para colegir el desenlace que tendrá en Venezuela y en el mundo la operación militar decidida por el gobierno de Donald Trump para capturar a Nicolás Maduro, “extraerlo” de su país, llevarlo a Nueva York y juzgarlo allí por “conspiración narcoterrorista”, un aspecto que los analistas económicos internacionales deben empezar a revisar es qué ocurrirá en el mercado petrolero y energético global y qué consecuencias acarrerará a la economía mundial.
Los países con mayores reservas tienen la capacidad o al menos el potencial de ejercer influencia global. Las reservas certificadas de Venezuela, dice el informe de la OPEP, incluyen tanto los recursos convencionales como no convencionales, pero es obvio que el régimen que hasta ahora lideraba Maduro no convirtió esos recursos en prosperidad para su pueblo, en primer lugar por las políticas insensatas que el chavismo aplicó durante casi veinte años y luego, con la capacidad productiva ya dañada y muy disminuida, por las sanciones que le impuso EEUU, que durante el actual gobierno de Trump llegó incluso a la confiscación de cargamentos de crudo venezolano.

Como puede verse en el ranking de reservas, de los países occidentales solo Canadá y EEUU figuran entre los primeros diez países en materia de reservas petroleras. Los demás son Rusia, Libia, en el norte de África, y naciones del Golfo Pérsico, que no solo tienen abundantes reservas, sino también bajo costo de extracción, lo que les confiere cierta capacidad para actuar como árbitros en el mercado mundial.
Pero reservas no es igual a producción. Los 921.000 barriles diarios que en 2024 (último año para el que se cuenta con información completa) produjo Venezuela, probablemente sean superados en 2026 por la Argentina y están lejísimos de países con real peso productivo. Por caso, muy lejos de los 13,2 millones de barriles diarios que en 2024 produjo EEUU (principal productor y consumidor mundial), de los 9,1 millones de Rusia, de los 8,9 millones de Arabia, los 3,8millones de Irak, los 3,2 millones de Irán, e incluso bien por debajo de los 3,4 millones de Brasil, 1,5 millones de México y 1,2 millones de Canadá.
La descapitalización ocurrida bajo el régimen chavista ha sido mucho más dañina que las disrupciones comerciales que le infligió o puede aún infligirle EEUU. Por caso, el reporte anual de la OPEP precisa que Venezuela disponía en 2024 de apenas 3 rigs (plataformas) de producción petrolera. No solo menos que las 589 de EEUU., de las 162 de Canadá o de las 117 de Irán, sino incluso quince veces menos que las 45 que ese mismo año operaban en la Argentina.
Lo importante, con todo, es en qué medida el resultado final de la acción que inició EEUU puede cambiar el escenario. Al respecto, vale tener en cuenta las previsiones de la Agencia Internacional de Energía (AIE), organización creada a fines de los setenta por iniciativa del entonces secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, para contrarrestar el poder de la OPEP, que en 1973 y 1979 había asestado dos “shocks petroleros” que desestabilizaron la economía mundial y, en particular, a las economías occidentales.

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