Arturo Puig reflexionó sobre la muerte de Selva Alemán y habló de mala praxis: “Entró y no salió más”

El actor habló como nunca acerca del fallecimiento de su esposa, que ocurrió a finales de septiembre del año pasado

A poco más de un año de la muerte de Selva Alemán, el duelo sigue formando parte de la vida cotidiana de Arturo Puig, como una presencia persistente y silenciosa. En una reciente entrevista con Karim González para Sola en los bares (Conexión abierta)

Y siguió con su triste recuero: “Y bueno, al rato, Selva se recostó un poco y me dice: ‘Ay, me duele cada vez más, cada vez más’. Siempre el estómago, nunca el pecho. Llamé a la ambulancia, vino la ambulancia y ahí fue donde el tipo me dijo: ‘Es un infarto’. Salimos volando para el sanatorio. Entró y no salió más. Pero si yo sabía esto del primer médico, nosotros vivíamos a dos cuadras del ICVA, que es el centro cardiológico. La llevaba volando. Pero bueno, evidentemente, viste estos médicos… te toman la presión y te dicen ‘estás todo bien’”.

Aunque su interlocutora sugirió que hubo mala praxis, Puig fue reservado respecto a acciones legales: “No sé, tendrían que, no sé, hacer… Buscar algo, no sé. No, la verdad que no. Ya está”. También compartió el impacto emocional de la pérdida: “Justamente esto es lo terrible, que fue tan de golpe y tan inesperado. Yo, ¿viste?, pienso, yo salgo a la calle a hacer, no sé, algún mandado, a alzar al perro y pienso que ella me va a estar esperando. Es un día a día y hora a hora. Una hora estás bien, otro caés, el día está mal, el otro… y así vas viviendo”.

Sobre la posibilidad de sentir la presencia de Selva o alguna señal, el actor fue sincero: “No, no… ojalá, ojalá. Me encantaría, pero todavía no recibí nada. Ojalá, me encantaría”.

Karim y Puig continuaron la conversación sobre el duelo por la pérdida de Selva abordando las secuelas prácticas y emocionales que enfrentó el actor luego de la muerte de su compañera de vida durante más de cincuenta años. La charla, íntima y llena de honestidad, puso de relieve los aprendizajes diarios, los cambios inesperados y el proceso de resiliencia personal requerido frente a la ausencia.

“Es difícil la situación en que yo vivo, porque bueno, la partida de Selva para mí fue una explosión en la cara desde todo punto de vista, desde extrañarla. Todavía no puedo creer no verla más. Me cuesta mucho,” admitió Puig. Reconoció la magnitud de la pérdida al decir: “Más me di cuenta que era un nene mimado con ella, porque ahora tengo que hacer un montón de cosas que antes no hacía. Todo lo hacía así, lo hacía un poco ella. Lo hacíamos juntos, pero bueno, ella era la mayor parte, era el centro de la familia. Ahora estoy, bueno, con todo el asunto este de los bancos y las cosas que yo no sabía nada, estoy aprendiendo. Y bueno, después me mudé. Yo vivía con ella en una casa muy grande y me mudé a un departamento que estoy más acotado, pero acostumbrándome, porque yo vivía en una casa, más de sesenta años de una casa a la otra. Siempre en casas.”

Los comentarios están cerrados.