04:49Milei, en un contrapunto de señales: tentación plebiscitaria y gestos acuerdistas

El Presidente hace una lectura electoral que supone alineamiento con el “modelo” de Olivos y sólo excluye al kirchnerismo. Las tratativas políticas son más complejas. El Gobierno cuenta con un escenario casi ideal para sus planes, pero depende de su capacidad negociadora

Diego Santilli comenzó a dar los pasos efectivos -además de formales- para encarar la primera y determinante tarea encargada por Javier Milei, es decir, las negociaciones sobre las reformas que aspira a coronar Olivos como inicio de la segunda mitad de gestión. Ese camino arrancó con media docena de contactos más o menos reservados y un par de fotos con gobernadores, junto a Manuel Adorni. Fue apenas unas horas después del discurso presidencial, en Miami, que expuso la tentación de una lectura plebiscitaria sobre el éxito violeta en las urnas nacionales: un resultado que sacudió el tablero político aunque sigue demandando acuerdos. En la tensión del contrapunto entre las dos señales se verá sin mucha demora cómo explota o desperdicia Olivos un escenario muy favorable, casi ideal, para sus planes.

Una frase presidencial jugó como puente entre la experiencia local y los resultados amargos que acababa de cosechar Donald Trump, en Nueva York, Nueva Jersey y Virginia. No los mencionó, claro, pero no hizo falta. “No se dejen amedrentar por algunos resultados locales”, dijo, con el eco del modo en que los violetas revirtieron cuadros electorales previos en Buenos Aires y en la mayoría de las provincias que habían desenganchado sus comicios del turno nacional.

Ese precisamente es un elemento central para interpretar el tablero abierto para el Ejecutivo en el Congreso. No se trata sólo de contar con bloques más nutridos, aunque insuficientes para moverse en soledad. El punto es además que la mayoría de los jefes provinciales debe revisar su situación: el cálculo generalizado entre ellos no anotaba un éxito de LLA o por lo menos, no lo registraba en la dimensión que finalmente tuvo.

Ese panorama de éxito en la cuenta global y la posición ganadora en 16 de los 24 distritos expone el alto impacto del triunfo, pero no un mensaje plebiscitario. Además, la polarización fue notoria en provincias como Buenos Aires aunque no en la escala nacional. La LLA sola o en alianzas sumó 40 puntos y monedas. El peronismo/K y otras vertientes del PJ anotaron algo más del 31 por ciento. Otros 28 puntos se dividieron en una muy heterogénea franja de votos, en su mayoría de centro. Para completar -elemento que parece olvidado- la participación cayó al 68 por ciento. Dicho de otra forma, casi un tercio del padrón decidió no votar por variadas razones, alguna de las cuales, sin dudas, son expresiones de rechazo político, general.

Milei expuso una mirada posible en función del común denominador elegido para la lectura. Sostuvo que “dos de cada tres argentinos” -en rigor, de votantes efectivos- se pronunciaron contra “la vuelta al pasado”, es decir, el peronismo dominado por Cristina Fernández de Kirchner. Desde la vereda K, la lectura es a la inversa, pero lo cierto es que el peronismo entró en crisis, en el propio terreno K y en la relación con los jefes de provincia más tradicionales.

El mensaje presidencial fue más lejos. Habló concretamente de un “plebiscito” entre diferentes modelos y remató diciendo que su plan económico cuenta con consenso social antes que político. El tema sería cómo es traducida esa afirmación. Lo que deja a la vista Milei parece claro: la mayoría de la sociedad -entendida según su visión sobre el resultado electoral- respalda el rumbo y, como consecuencia directa, los dirigentes políticos no violetas -gobernadores, legisladores de otros colores- deberían alinearse con el Gobierno.

Los comentarios están cerrados.