Mario Petrucci destacó: “Faustino Oro es la mayor promesa de ajedrez de la Argentina y la Federación trabaja para apoyarlo como nunca antes”
El director ejecutivo de la Federación Argentina de Ajedrez relató anécdotas inéditas sobre los primeros pasos de Oro, el fenómeno infantil que deslumbró en la Copa del Mundo, y detalló los desafíos deportivos, emocionales y logísticos que implica su enorme talento
En la voz de Mario Petrucci, director ejecutivo de la Federación Argentina de Ajedrez (FADA), se resume una certeza presente en el ambiente del tablero: “Faustino Oro ya no es una promesa, sino la realidad más impresionante del ajedrez argentino”. En diálogo con el equipo del ciclo de la mañana, Petrucci reconoció la magnitud del fenómeno: “Nunca vimos un chico así. Esta generación no tenía registro de un talento semejante. No es una promesa: ya cumple, ya compite, ya asombra al mundo”.
La irrupción de Oro no tardó en impactar a nivel internacional. Petrucci compartió un episodio clave: “El año pasado, en la Olimpiada de Budapest, con 192 países presentes, la FIDE invitó a Faustino con todo pago para que hiciera la primera movida junto al campeón del mundo. Es el momento más solemne del ajedrez mundial. Jamás se había designado a un chico que ni siquiera integraba la delegación oficial. Los equipos de Palestina, periodistas de todos los países, querían una foto, un autógrafo”.
El directivo subrayó el carácter único del joven: “Le dije: ‘Fausti, quédate tranquilo, mové el peón y dejate sacar todas las fotos’. La fama fue exponencial. Era apenas conocido, pero hoy tiene prestigio en todas partes”.
Petrucci reconoció que el entorno que rodea a Oro requiere una atención minuciosa no solo por su talento en los tableros, sino también por su bienestar emocional. “La presión existe en cualquier disciplina, no la debemos estigmatizar. Hay presión en el ajedrez, como en el fútbol, en el Colón, en la ciencia”, señaló. “Faustino tiene psicólogo deportivo desde hace tiempo, y el grupo familiar está contenido. Disfruta, es simpático: cuando fue capitán del equipo argentino en la Olimpiada, jugó y ganó partidas rápidas contra todos los olímpicos en una cena en Budapest”.
Al analizar el método de entrenamiento adecuado para un prodigio, Petrucci fue tajante: “A este nivel, para llegar al top 10 mundial, se necesita un entrenador personal, que lo acompañe todo el tiempo; no basta con profesores a distancia o clases en un club. Eso en la Argentina nunca existió”, advirtió. Reveló que el salto de calidad para la carrera de Oro solo fue posible por la intervención de privados: “Gracias al apoyo de MercadoLibre, que primero fue un sponsor oculto, y luego apostó públicamente, se pudo costear el trabajo de un entrenador permanente y los viajes internacionales”.
En cuanto a las dificultades financieras, fue categórico: “Mantener un entrenador internacional y viajar a competencias cuesta entre diez mil y veinte mil dólares por mes. Para una familia argentina, es imposible. Logramos el acuerdo con la empresa después de largas gestiones y ahora Faustino puede competir y seguir creciendo”.

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