04:55Los senadores se resisten a la medida de Villarruel que obliga a desactivar la “herencia” de los despachos

En septiembre pasado, la vicepresidenta planteó la entrega total del mobiliario, antes del 10 de diciembre, a quienes terminen mandato. Mismo caso para el personal. Incluye teléfonos, computadoras, resmas y “tarjetas de comedor”

Menos de dos meses duró la desactivación de la “herencia” de despachos que la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, quiso imponer a los 24 legisladores -sin importar reelección- que terminan su mandato en diciembre: el kirchnerismo y Provincias Unidas se sublevaron y comenzaron el enroque, y el PRO y silvestres pretenden mejores ubicaciones en la Cámara alta, mientras que la UCR se muestra dispuesta a mantener sus “joyas” edilicias pese al retroceso electoral.

“Incluirá la totalidad del mobiliario propiedad del H. Senado de la Nación –muebles, sillas, modulares, equipos telefónicos, computadoras, laptops, celulares, tarjetas de ingreso y egreso, tarjeta de comedor, resmas, papeles membretados, expedientes, carpetas y toda documentación administrativa que los senadores, los agentes y asesores afectados a sus despachos y/o cuerpo de asesores de comisión y/o que participen de los Bloques hayan utilizado durante el tiempo que duró su mandato y/o su designación en esta H. Cámara”, sentenciaba el articulado.

Una vez consumado, Villarruel dispondrá “las medidas necesarias a fin de poder reasignarlos”. Se adelantó Oscar Parrilli, uno de los delegados fieles de Cristina Kirchner que se va en diciembre y pactó la entrega anticipada de su -deseada- guarida al bonaerense Eduardo De Pedro. Claro está que hay otras compulsas abiertas dentro del interbloque que comanda José Mayans. En tanto, Provincias Unidas no se quedó atrás y tiene las oficinas del experimentado peronista disidente salteño Juan Carlos Romero como un lugar soñado y que mira de reojo su colega correntino Carlos Espínola.

“Hay reacomodamientos y realidades que cambiaron. No puede ser que un jefe se vea impedido de realizar una reunión con sus pares por una oficina minúscula, y otro cuente con un mega despacho sólo para alojar, como mucho, a su inmenso ego”, deslizó el jueves último un opositor de peso.

Todo fue motivo de “análisis” durante el almuerzo que organizó Villarruel con varias bancadas la semana pasada. Se pasó un tiempo considerable con esta cuestión. Algunos legisladores no podían creer la extensión de la conversación, con toda la agenda que se le viene por delante al Gobierno libertario.

Los silvestres provinciales aterrizados en 2023 aprovecharían el río revuelto para demandar “mejoras”. Por caso, cuando se inició la gestión libertaria en la Cámara alta, el santacruceño José María Carambia plantó una mesa en un pasillo contiguo a las oficinas de Villarruel para reclamar un lugar adecuado. Se sacó una foto y, a las pocas horas, apareció una respuesta. Su compañera, Natalia Gadano, es otro punto fijo en cuanto a quejas y tiene un mini historial de trifulcas discursivas con la vicepresidenta y su equipo. Por ello se convirtieron en impredecibles y serpenteantes a la hora de votar y hay desconfianza sobre su accionar.

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