05:27Cafetines de Buenos Aires: el rincón dedicado a Cortázar que es resistencia cultural e invita a sumergirse en el mundo del escritor
Donde Almagro se encuentra con Palermo, en la esquina de Cabrera y Medrano, un café temático en homenaje al padre de los cronopios y las famas ofrece un espacio para eludir la explotación de ofertas gastronómicas modernas y cobijarse en un universo donde la literatura reina junto al café
En un rincón de la ciudad, en la esquina de Cabrera y Medrano, donde Palermo y Almagro se aproximan hasta la confusión, se encuentra el Café Cortázar. Reducto de porteñidad dedicado en su totalidad al escritor. Abrió en diciembre de 2015. O sea, en un par de meses cumplirá sus primeros diez años de vida. El cafetín ocupa una vieja construcción de 1889 destinada a uso comercial que parece haber cobijado al Cronopio Mayor durante sus años en Buenos Aires.
¿Y por qué para abrir un café literario se optó por Julio Cortázar? Más allá de sus innegables méritos, su literatura tiene una cercana identificación con las tipologías y costumbres de los habitantes de grandes ciudades. Esos que pueblan sus cafés. Cortázar escribe historias urbanas protagonizadas por cronopios, famas y esperanzas. Todos personajes citadinos.
Yendo a visitar el Café Cortázar tampoco pude escapar al recuerdo de Rayuela y los cruces de Horacio Oliveira —protagonista de la novela— de un lado al otro del río Sena para encontrarse con La Maga. “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”, dice Oliveira. La frase es recordada en la carta del lugar. La Avenida Córdoba viene a representar el cauce vehicular que separa dos orillas. Similar a lo que ocurre con el Sena en París. De un lado de la ribera está Palermo. La otra es Almagro. Y las dos son muy Buenos Aires.
Otro guiño con el escritor está en el logotipo creado por el arquitecto y pintor Horacio Spinetto. Las dos palabras, Café y Cortázar, están escritas con la tipografía Olivetti Lettera 22 que usaba Julio. Y por encima de estas emerge el comienzo del recordado retrato que le tomó Sara Facio.
El Café Cortázar es un salón que se extiende a lo largo de Medrano. Una escalera de madera comprada en un viaje camino a Lobos conecta con un entrepiso y a una pequeña sala, semi privada, ideal para una reunión de ocho o diez personas, con una ventana de vidrios repartidos que aumenta su intimidad.
La carcasa del local se mantiene original. Los objetos y muebles, como suele ocurrir con otros cafés y bares fundados por el nombrado hacedor, fueron adquiridos en subastas. Por ejemplo, el cartel de Cinzano con letras corpóreas que se luce sobre la barra. Ese solo objeto genera pertenencia y envía un mensaje hacia nuestro pasado común.

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