La vida del Papa en Santa Marta: un pontificado marcado por la sencillez y cercaníaPor Gerardo Di Fazio
Desde su elección en 2013, el Papa Francisco transformó con su estilo austero la vida cotidiana en el Vaticano. Su decisión de residir en la Casa de Santa Marta en lugar del Palacio Apostólico reflejó su compromiso con una Iglesia más accesible y humilde. A pesar de los desafíos de los últimos tiempos debido a su enfermedad, intentó mantener su rutina
El 13 de marzo de 2013, el cardenal protodiácono francés Jean-Louis Pierre Tauran anunció: “Annuntio vobis gaudium magnum. Habemus Papam”. No era un favorito ni estaba dentro del grupo de los “papables”. Bergoglio, que había sacado su pasaje de vuelta a la Argentina, tuvo que cambiar su itinerario. Desde ese día, se convirtió en el primer Papa americano y en el primero no europeo desde Gregorio III, nacido en Siria y elegido 1.272 años atrás. Fue el Papa número 266 de la Iglesia Católica desde San Pedro.
Al día siguiente, todo comenzó a cambiar en el Vaticano. El Papa Francisco decidió no vivir en el Palacio Apostólico, una costumbre menos antigua de lo que muchos creen. Las cámaras papales del Palacio Apostólico son habitaciones simples y espaciosas en el segundo piso, con un dormitorio que se conecta directamente con la capilla privada del Sumo Pontífice. Como jesuita, Bergoglio siguió las pautas de San Ignacio de Loyola y llevó una vida de austeridad. En Buenos Aires, solía tomar el subte o el colectivo para visitar parroquias o enfermos. A diferencia de sus predecesores, que residían en San Isidro, él vivió en un departamento de dos ambientes en la Curia Metropolitana, junto a la Catedral de la Santísima Trinidad.
Francisco eligió vivir en la “Domus Sancta Marthae” (Casa de Santa Marta). Este edificio tiene su historia: en un principio, bajo el pontificado de León XIII, fue construido para albergar enfermos de cólera durante la epidemia de 1881. Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII lo utilizó para refugiar a judíos perseguidos. En 1996, Juan Pablo II le dio su fisonomía actual mediante la constitución apostólica “Universi Dominici Gregis”, transformándolo en el hotel del Vaticano, utilizado principalmente por obispos y clérigos visitantes. Durante los cónclaves, los cardenales también se alojan allí.
La “Domus” consta de cuatro plantas y 129 habitaciones, incluyendo suites, habitaciones dobles y un apartamento. Su entrada está en un subsuelo debido al desnivel natural de la colina vaticana. Allí trabajan unas 70 personas.
La Casa Santa Marta tiene muchos salones para reuniones. De acuerdo a la cantidad de gente que deba recibir, el Papa elegía uno.
Al inicio de su papado, Francisco celebraba la misa y recibía a quienes participaban en ella. Durante la pandemia, la misa fue transmitida cotidianamente, en directo, desde la capilla de la Domus, un hecho insólito en la historia del Vaticano y que batió récord de visualizaciones, llegando a cuatro millones por día y el triple en los días festivos. Aunque el Papa vivía allí, la “Domus” continuó funcionando como hotel para clérigos e invitados papales. En varias oportunidades tuve la dicha de poder concurrir a la misa oficiada en la capilla de santa Marta por el papa Bergoglio a las 7:00. Con el deterioro de su salud, lamentablemente, debió dejar de oficiarlas públicamente. Solo lo hacía en su habitación y luego se dirigía a su despacho en silla de ruedas.

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