Según un execonomista jefe del Banco Mundial, Donald Trump tomó la senda que llevó la economía argentina al estancamientoPor Sergio Serrichio

En un influyente portal, comparó sus medidas arancelarias con las decisiones que tomó la Argentina a partir de 1930. Si en esa época EEUU hubiese decidido defender su industria textil, señaló, hoy no sería una potencia económica

Si hace cien años EEUU hubiera decidido proteger su industria textil con aranceles, como ahora Donald Trump quiere hacer con los autos, la producción de semiconductores y otros sectores fabriles, habría seguido el camino de la Argentina, que por entonces era una de las economías más prósperas del mundo, pero adoptó políticas que la llevaron a la declinación y el estancamiento, advirtió Kaushik Basu, execonomista jefe del Banco Mundial y exasesor económico en jefe del gobierno de la India, en una columna en el portal Project Syndicate.

En lugar de recurrir a aranceles para proteger la industria textil, EEUU optó por redirigir su economía hacia sectores que requerían innovación e investigación, áreas en las que tenía una ventaja comparativa. Si hubiera impuesto aranceles altos al ingreso de textiles podría haber mantenido su liderazgo en ese sector, pero a costa de limitar su desarrollo económico general, argumentó Basu.

Autos y chips

El ahora profesor en la Universidad de Cornell e investigador de la Brookings Institution, en Washington, subrayó que hace cien años, mientras EEUU se abría al comercio y la innovación, invertía en educación superior y fomentaba la investigación tecnológica, lo que le permitió crecer y consolidarse como potencia económica, política y tecnológica global, la Argentina, con sus políticas proteccionistas, se fue rezagando y perdió su condición de país ascendente.

Basu apuntó en particular al intento de Trump de revitalizar la industria automotriz en EEUU, mediante un arancel del 25% que entró en vigor el 3 de abril, el día siguiente al anuncio de los “aranceles recíprocos”. Trump afirmó que la industria automotriz estadounidense “florecerá como nunca antes”, pero según Basu el efecto será precisamente el opuesto, pues la medida no solo elevará los precios de los autos en EEUU, sino que también afectará la competitividad de la producción automotriz norteamericana frente a otras con costos laborales más bajos, como China, India, México e Indonesia.

Sucede, explicó Basu, que industrias como la automotriz y la fabricación de semiconductores tienen altos costos fijos (compra de terrenos, construcción de plantas, obtención de permisos) y para que los inversores crean viable establecer nuevas plantas en EEUU necesitarían garantías de que los nuevos aranceles tendrán vigencia durante al menos una década. Pero la incertidumbre política y económica vuelven improbables esas seguridades a largo plazo.

E incluso si EEUU lograse atraer nuevas inversiones, prosigue, el resultado podría no ser tan beneficioso, porque proteger el mercado interno con aranceles encarecerá la producción local, haciendo que los automóviles de EEUU pierdan competitividad en el mercado global, consolidando la ventaja de países con menores costos de producción y desplazando aún más a EEUU del comercio internacional.

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