{"id":51698,"date":"2025-10-12T00:53:05","date_gmt":"2025-10-12T03:53:05","guid":{"rendered":"https:\/\/maxradio923.com.ar\/index.php\/2025\/10\/12\/el-disco-de-amor-y-perdida-con-el-que-pink-floyd-evidencio-un-conflicto-y-despidio-a-uno-de-sus-miembros\/"},"modified":"2025-10-12T00:53:05","modified_gmt":"2025-10-12T03:53:05","slug":"el-disco-de-amor-y-perdida-con-el-que-pink-floyd-evidencio-un-conflicto-y-despidio-a-uno-de-sus-miembros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/maxradio923.com.ar\/index.php\/2025\/10\/12\/el-disco-de-amor-y-perdida-con-el-que-pink-floyd-evidencio-un-conflicto-y-despidio-a-uno-de-sus-miembros\/","title":{"rendered":"El disco de amor y p\u00e9rdida con el que Pink Floyd evidenci\u00f3 un conflicto y despidi\u00f3 a uno de sus miembros"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div>\n<p class=\"com-paragraph  --capital --s\">Tras el \u00e9xito descomunal de <em><strong>The Dark Side of the Moon, <\/strong><\/em><strong>Pink Floyd<\/strong> se enfrent\u00f3 al dilema que atormenta a muchos artistas con un triunfo de esas caracter\u00edsticas planetarias: \u00bfQu\u00e9 hacer despu\u00e9s de alcanzar la perfecci\u00f3n? <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El 28 de marzo de 1973, <em>El lado oscuro de la Luna <\/em>hab\u00eda ingresado al n\u00famero uno de las listas de ventas estadounidenses, algo a lo que anteriormente Pink Floyd (ese \u201cextra\u00f1o grupo de experimentales m\u00fasicos ingleses\u201d) nunca se hab\u00eda ni acercado. El disco se convirti\u00f3 en un fen\u00f3meno de masas y barri\u00f3 records de venta y de duraci\u00f3n en los charts (donde permaneci\u00f3 nada menos que <strong>700 semanas<\/strong>). <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de b\u00fasqueda y cambios, aquel \u00e1lbum los hab\u00eda convertido en multimillonarios y en \u00edconos culturales, pero tambi\u00e9n hab\u00eda sembrado el germen de la distancia, del desgaste interno y de una insatisfacci\u00f3n que Roger Waters pronto transformar\u00eda en motor creativo.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Pink Floyd en tiempos de Wish you Were Here, a mediados de los a\u00f1os 70<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"> De esa tensi\u00f3n naci\u00f3 <em>Wish You Were Here<\/em> (1975), un disco tan introspectivo como melanc\u00f3lico, atravesado por la sensaci\u00f3n de vac\u00edo que deja el \u00e9xito y por la sombra siempre presente de <strong>Syd Barrett<\/strong>, el miembro fundador que se hab\u00eda perdido en el laberinto de su propia mente. Waters coment\u00f3 por entonces: \u201cCuando triunf\u00e1s, todos creen que todo va a salir bien\u2026 Y en el fondo sabes que no es as\u00ed\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La desilusi\u00f3n resultaba parad\u00f3jica: <em>The Dark Side of the Moon<\/em> hab\u00eda alcanzado el n\u00famero uno en Inglaterra y Estados Unidos, y Pink Floyd parec\u00eda haber tocado el cielo. Pero dentro del grupo, el clima era otro: la comunicaci\u00f3n se hab\u00eda vuelto distante y el proceso creativo, cada vez m\u00e1s arduo. El equilibrio interno comenzaba a resquebrajarse anticipando lo que luego se convertir\u00eda en un liderazgo casi tir\u00e1nico de Waters sobre el resto de sus compa\u00f1eros de banda. <\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Wish You Were Here\" width=\"1170\" height=\"878\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/4K6cvc27_CE?wmode=transparent&amp;rel=0&amp;feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">A fines de 1973, el cuarteto regres\u00f3 a los estudios <strong>Abbey Road <\/strong>para iniciar un nuevo proyecto. Intentaron retomar un viejo experimento: hacer m\u00fasica con objetos comunes -bandas el\u00e1sticas, copas de vino, rollos de cinta adhesiva- en lugar de instrumentos, cuyo nombre tentativo ser\u00eda \u201cHousehold objects\u201d. Aquello no prosper\u00f3, pero un sonido en particular, el tono cristalino que surg\u00eda al frotar el borde de una copa de vino, se convertir\u00eda en el punto de partida de \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d, la pieza central del \u00e1lbum. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Durante 1974, Floyd ensay\u00f3 intensamente en un local de King\u2019s Cross y prob\u00f3 en vivo nuevo material. Entre esas canciones estaban \u201cYou\u2019ve Got to Be Crazy\u201d y \u201cRaving and Drooling\u201d, dos furiosas cr\u00edticas a la industria musical que m\u00e1s tarde mutar\u00edan en \u201cDogs\u201d y \u201cSheep\u201d, incluidas en <em>Animals<\/em> (1977). <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En la primavera de 1975, con el \u00e1lbum ya bastante avanzado, Pink Floyd volvi\u00f3 a Abbey Road acompa\u00f1ado por un equipo de lujo: el ingeniero Brian Humphries, las coristas Carlena Williams y Venetta Fields, y el saxofonista Dick Parry, viejo amigo de la banda. Fue all\u00ed donde ocurri\u00f3 uno de los episodios m\u00e1s conmovedores de la historia del rock: <strong>la inesperada visita de Syd Barrett.<\/strong> <\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">El ex Pink Floyd Syd Barrett<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Seg\u00fan cuentan los testigos, Floyd estaba grabando justamente \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d \u2014la canci\u00f3n que le rend\u00eda tributo\u2014 cuando Barrett apareci\u00f3 sin aviso. Estaba irreconocible: con la cabeza completamente rapada, con sobrepeso, y llevando una bolsa de supermercado. Algunos lo vieron limpi\u00e1ndose los dientes una y otra vez; otros recordaron que pregunt\u00f3 cu\u00e1ndo le tocaba tocar su parte. Richard Wright relat\u00f3: \u201cSyd se levant\u00f3 y dijo: \u2018Bien, \u00bfcu\u00e1ndo me pongo a tocar la guitarra?\u2019\u2026 Pero no ten\u00eda ninguna guitarra con \u00e9l\u201d. El impacto fue enorme. Aquella aparici\u00f3n casi espectral parec\u00eda cerrar un c\u00edrculo: el grupo cantaba sobre su amigo perdido, y ese mismo amigo, en carne y hueso, irrump\u00eda en el estudio convertido en una figura tr\u00e1gica. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Musicalmente, \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d es una <em>suite <\/em>en nueve movimientos que resume la esencia del sonido Floyd. Las primeras secciones se balancean entre la melancol\u00eda y la majestuosidad coral, hasta que el saxo de Parry irrumpe como un viento c\u00e1lido. Las \u00faltimas partes se deslizan hacia un tono m\u00e1s relajado, de blues perezoso y funk difuso, con un solo de lap steel de Gilmour que parece flotar en el aire antes de regresar al motivo inicial. Pero m\u00e1s all\u00e1 del homenaje a Barrett, la canci\u00f3n reflejaba algo m\u00e1s profundo: la propia alienaci\u00f3n interna del grupo. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El disco incluye tambi\u00e9n dos furiosos alegatos contra la maquinaria del negocio musical. \u201cWelcome to the Machine\u201d es una de las piezas m\u00e1s sombr\u00edas y desoladoras de toda la carrera de Floyd: un retrato mec\u00e1nico y sin esperanza del sistema que devora artistas. Aun hoy, suena tan inquietante como en 1975, tal vez uno de los temas m\u00e1s musicalmente audaces del disco, lejos del \u201crock espacial\u201d que caracterizaba estil\u00edsticamente a la banda. <\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Have a Cigar\" width=\"1170\" height=\"878\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/Eq8ZiZ9xiLw?wmode=transparent&amp;rel=0&amp;feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La otra, \u201cHave a Cigar\u201d, resulta m\u00e1s sarc\u00e1stica. Waters no quiso cantarla, Gilmour tampoco, y as\u00ed la voz principal qued\u00f3 en manos del cantautor Roy Harper (el gran amigo de Jimmy Page, de <strong>Led Zeppelin<\/strong>), quien se encontraba grabando en una sala de estudio vecina. Su interpretaci\u00f3n \u2014con ese mordaz: \u201c<em>By the way, which one\u2019s Pink?<\/em>\u201d (\u201cpor cierto, \u00bfcu\u00e1l de ustedes es Pink?\u201d)\u2014 captur\u00f3 a la perfecci\u00f3n el tono ir\u00f3nico del tema. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">De lejano sonido ac\u00fastico en su comienzo, el \u00e1lbum contiene una de las canciones m\u00e1s populares de Pink Floyd, la desgarradora \u201cWish You Were Here\u201d que da nombre al disco, una canci\u00f3n de amor y p\u00e9rdida en la que Waters mezcla la melancol\u00eda de su primer divorcio, la nostalgia por Barrett y una clara alusi\u00f3n a la distancia emocional entre \u00e9l y Gilmour. La frase \u201cdos almas perdidas nadando en una pecera\u201d se convirti\u00f3 en un s\u00edmbolo del aislamiento que marcaba la vida del grupo.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Roger Waters y David Gilmour en 1975, cuando todo empezaba a resquebrajarse entre ambos<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"> Pese a su dureza, <em>Wish You Were Here<\/em> fue otro triunfo mundial. Pink Floyd se volvi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s grande, pero tambi\u00e9n m\u00e1s distante. Sus integrantes parec\u00edan flotar en universos paralelos, y esa sensaci\u00f3n de desconexi\u00f3n impregna cada comp\u00e1s del disco. \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d con sus distintas partes, abre (partes 1 a 5) y cierra (partes 6 a 9) el \u00e1lbum, como un ciclo vital que se extingue lentamente.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">David Gilmour ha contado en varias ocasiones que la introducci\u00f3n de \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d \u2014esa secuencia et\u00e9rea y conmovedora de cuatro notas que se repite como un mantra\u2014 naci\u00f3 de manera totalmente casual, casi como un accidente sonoro en medio de una larga sesi\u00f3n de improvisaciones. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">A comienzos de 1974, mientras Pink Floyd ensayaba nuevo material en los estudios King\u2019s Cross de Londres, Gilmour experimentaba con una Fender Stratocaster conectada a su amplificador Hiwatt y a un pedal de delay Binson Echorec, el mismo que ya hab\u00eda usado en Echoes. En un descanso de las pruebas de sonido, empez\u00f3 a tocar un motivo muy simple, una secuencia descendente de cuatro notas en Sol menor. El fraseo era pausado, casi t\u00edmido, pero ten\u00eda algo especial: un aire melanc\u00f3lico, como si flotara en el tiempo. El propio Gilmour lo relat\u00f3 as\u00ed a\u00f1os despu\u00e9s: \u201cNo ten\u00eda la intenci\u00f3n de crear nada en particular. Simplemente estaba tocando esas notas, una tras otra, y Roger se gir\u00f3 y me dijo: \u2018Eso es. Eso suena a Syd\u2019. Entonces todos nos dimos cuenta de que hab\u00edamos encontrado el coraz\u00f3n del \u00e1lbum.\u201d <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Esa observaci\u00f3n de Roger Waters fue decisiva. En esas cuatro notas, lentas y resonantes, hab\u00eda algo que evocaba inevitablemente a Syd Barrett: su dulzura, su tristeza, su p\u00e9rdida. Desde ese instante, \u201cShine On You Crazy Diamond\u201d se convirti\u00f3 en un homenaje expl\u00edcito al viejo amigo ausente. <\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Syd Barrett fue separado de Pink FLoyd en 1968 debido a su problemas con las drogas y un cuadro de esquizofrenia<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Archivo<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Gilmour tambi\u00e9n explic\u00f3 que el tono y la textura del sonido fueron producto de una b\u00fasqueda obsesiva. Us\u00f3 la pastilla del m\u00e1stil de su Stratocaster, un poco de compresi\u00f3n, reverberaci\u00f3n moderada y el retardo del Binson, que le daba ese eco l\u00edquido y envolvente. Toc\u00f3 muy cerca del traste doce, con un ataque suave, casi acariciando las cuerdas con los dedos en lugar de la p\u00faa. \u201cQuer\u00eda que sonara como si flotara, como si el sonido viniera de muy lejos, de otro mundo\u201d, record\u00f3 Gilmour. \u201cEsa atm\u00f3sfera era esencial para todo el disco: melanc\u00f3lica, distante, pero hermosa.\u201d <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Nick Mason, el baterista, siempre destac\u00f3 la simplicidad del motivo: \u201cEs incre\u00edble pensar que toda esa monumental pieza naci\u00f3 de cuatro notas. Pero David tiene esa habilidad de convertir algo m\u00ednimo en una emoci\u00f3n enorme.\u201d Seg\u00fan Rick Wright: \u201cDavid toc\u00f3 esa peque\u00f1a frase, tan simple y tan perfecta, que yo solo me sent\u00e9 al piano e intent\u00e9 acompa\u00f1arla sin romper la magia. Todo surgi\u00f3 de manera natural, casi sin hablar. Era un lamento.\u201d <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">De ese di\u00e1logo entre guitarra y teclados naci\u00f3 una atm\u00f3sfera que defini\u00f3 el \u00e1lbum entero: un espacio suspendido entre la nostalgia y el duelo, donde cada sonido parece recordar algo perdido. Con el tiempo, esa introducci\u00f3n se volvi\u00f3 <strong>uno de los pasajes m\u00e1s ic\u00f3nicos de la historia del rock.<\/strong> Es la puerta de entrada al universo de W<em>ish You Were Here, <\/em>y funciona casi como <strong>un epitafio para Syd Barrett.<\/strong> En los shows de Pink Floyd, Gilmour siempre la interpret\u00f3 como un acto de comuni\u00f3n silenciosa. En el documental <em>The Story of Wish You Were Here<\/em> (2012), confes\u00f3: \u201cCada vez que tocamos esas notas, pienso en Syd. No hay forma de no hacerlo. \u00c9l est\u00e1 ah\u00ed, en cada eco.\u201d<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Richard Wright, el tecladista fallecido a\u00f1os despu\u00e9s, sol\u00eda decir que si deb\u00eda elegir un favorito, \u00e9ste ser\u00eda <em>Wish You Were Here.<\/em> No es casual: Wright est\u00e1 presente en casi todas las composiciones, y su huella mel\u00f3dica atraviesa el \u00e1lbum con una sutileza que Floyd nunca volver\u00eda a repetir. Los sintetizadores de la \u00e9poca pueden parecer hoy rudimentarios, pero siguen produciendo ese clima et\u00e9reo y sobrecogedor que define la obra, mientras la guitarra de Gilmour y las letras de Waters dialogan entre la belleza y la angustia. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Entre los integrantes de Pink Floyd, Richard Wright fue siempre el m\u00e1s silencioso. Sin embargo, su m\u00fasica hablaba por \u00e9l. En <em>Wish You Were Here<\/em>, ese lenguaje interior encontr\u00f3 su punto m\u00e1s profundo. Para Wright, aquel \u00e1lbum no era solo una obra maestra de estudio: era el reflejo exacto de lo que el grupo estaba viviendo, una mezcla de desilusi\u00f3n, melancol\u00eda y belleza crepuscular. \u201cDe todos los discos que hicimos, <em>Wish You Were Here <\/em>es el que m\u00e1s me llega\u201d, recordar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde. \u201cTiene una tristeza y una honestidad que reflejan exactamente lo que \u00e9ramos en ese momento.\u201d<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Richard Wright, Roger Waters, Nick Mason y David Gilmour, de Pink Floyd<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Gentileza Emi<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"> Wright describ\u00eda ese per\u00edodo como un instante irrepetible dentro de la historia del grupo: \u201cEn <em>Wish You Were Here <\/em>sab\u00edamos lo que el otro iba a tocar antes de hacerlo. Hab\u00eda una conexi\u00f3n silenciosa, una melancol\u00eda compartida. Despu\u00e9s de ese disco, esa sensaci\u00f3n desapareci\u00f3.\u201d Musicalmente, Wright fue el arquitecto invisible del sonido de <em>Wish You Were Here. <\/em>Sus capas de Minimoog, ARP String Ensemble y Wurlitzer el\u00e9ctrico no buscaban protagonismo, sino atm\u00f3sfera: eran el eco de una emoci\u00f3n contenida. \u201cNo quer\u00eda que los teclados fueran un adorno\u201d, explic\u00f3, \u201cQuer\u00eda que todo sonara como un recuerdo. No toqu\u00e9 para lucirme, toqu\u00e9 para crear un clima.\u201d A\u00f1os despu\u00e9s, cuando se le pregunt\u00f3 cu\u00e1l de los discos de Pink Floyd lo conmov\u00eda m\u00e1s, Wright no dud\u00f3. <em>Wish You Were Here <\/em>segu\u00eda siendo el \u00fanico capaz de emocionarlo: \u201cCuando lo escucho, me veo en Abbey Road, con las luces bajas, buscando el sonido justo. Es el \u00fanico \u00e1lbum nuestro con el que todav\u00eda puedo sentir algo. En realidad, es el \u00faltimo \u00e1lbum que hicimos realmente juntos.\u201d<\/p>\n<section class=\"container-center-100 mb-40 border border-bottom border-thin border-neutral-light-700\">\n<hr\/>\n<\/section>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras el \u00e9xito descomunal de The Dark Side of the Moon, Pink Floyd se enfrent\u00f3 al dilema que atormenta a muchos artistas con un triunfo de esas caracter\u00edsticas planetarias: \u00bfQu\u00e9 hacer despu\u00e9s de alcanzar la perfecci\u00f3n? 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