{"id":11486,"date":"2023-11-11T00:35:20","date_gmt":"2023-11-11T03:35:20","guid":{"rendered":"https:\/\/maxradio923.com\/index.php\/2023\/11\/11\/mundos-intimos-como-transmitir-el-pasado-con-mi-hija-vivimos-en-ee-uu-y-ella-pregunta-sobre-mis-abuelas-que-nunca-conocio\/"},"modified":"2023-11-11T00:35:20","modified_gmt":"2023-11-11T03:35:20","slug":"mundos-intimos-como-transmitir-el-pasado-con-mi-hija-vivimos-en-ee-uu-y-ella-pregunta-sobre-mis-abuelas-que-nunca-conocio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/maxradio923.com.ar\/index.php\/2023\/11\/11\/mundos-intimos-como-transmitir-el-pasado-con-mi-hija-vivimos-en-ee-uu-y-ella-pregunta-sobre-mis-abuelas-que-nunca-conocio\/","title":{"rendered":"Mundos \u00edntimos. \u00bfC\u00f3mo transmitir el pasado? Con mi hija vivimos en EE.UU. y ella pregunta sobre mis abuelas que nunca conoci\u00f3"},"content":{"rendered":"<p>Mundos \u00edntimos. \u00bfC\u00f3mo transmitir el pasado? Con mi hija vivimos en EE.UU. y ella pregunta sobre mis abuelas que nunca conoci\u00f3<\/p>\n<p>Todo empieza con una pregunta. Con una pregunta que me hace mi hija de doce a\u00f1os en la cocina de casa. Ella naci\u00f3 en Indiana, Estados Unidos, que es el pa\u00eds donde est\u00e1 la cocina que mencion\u00e9 y al que me cuesta llamar casa.<\/p>\n<p>Yo no nac\u00ed ac\u00e1, soy de Rosario. Aunque vivo desde hace 20 a\u00f1os y ense\u00f1o literatura en una universidad, la lengua del lugar me suena ajena. Ella habla ingl\u00e9s y espa\u00f1ol. No s\u00e9 por qu\u00e9 hoy me hace la pregunta en ingl\u00e9s. Como no reacciono, ella, paciente en asuntos de lenguas, la repite en espa\u00f1ol, cambiando de lengua y de voz. Con esta voz me pregunta sobre mis abuelas. Cuando me habl\u00f3 en ingl\u00e9s supuse que se refer\u00eda a las suyas, que hablaba de mi mam\u00e1, muerta hace dos d\u00e9cadas, o de la mam\u00e1 de mi esposa que vive en Argentina. Pero no, me est\u00e1 preguntando sobre mis abuelas. Yo tardo en responderle.<strong> La lentitud tiene que ver con la lengua, pero m\u00e1s tiene que ver con la memoria<\/strong> y con la forma en que lidiamos con el pasado.<\/p>\n<p>No soy de las personas a las que le gusta contar cosas \u00edntimas. Me dedico al arte de evitar cualquier respuesta que me involucre. Fui educado as\u00ed. Contar en p\u00fablico algo \u00edntimo siempre me pareci\u00f3 acto imp\u00fadico. Un fastidio. Pero hoy estoy en la cocina, junto a mi hija, en una tarde luminosa del oto\u00f1o del Medio Oeste y supongo que ya es hora de romper la costumbre de cambiar de tema. Esta vez me decido a contarle de mis abuelas. Envalentonado hago el ejercicio mental para represent\u00e1rmelas. A la memoria vienen algunas escenas, datos sin importancia, pero sobresale un acontecimiento poco veros\u00edmil que las hermana.<\/p>\n<p>Como casi todo el mundo, tuve dos abuelas; a una la conoc\u00ed y a la otra no. A diferencia del resto de la gente, mis dos abuelas fueron atropelladas por dos autos distintos en circunstancias similares\u2014mientras cruzaban el Boulevard Rondeau en la zona norte de Rosario. Una de ellas muri\u00f3 en el accidente. <strong>Fue 3 a\u00f1os antes de mi nacimiento y solo tengo de recuerdo el retrato que guardaba mi padre<\/strong>. Una foto que dej\u00e9 y que no s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 ahora.<\/p>\n<p>Mi otra abuela sobrevivi\u00f3 y fue una de las personas m\u00e1s importantes en mi infancia. Ella jam\u00e1s hablaba del accidente. La abuela viva rengueaba un poco de la pierna derecha como si su cuerpo nos diera esa \u00fanica concesi\u00f3n para entrar en su intimidad. Imagino su voz diciendo \u201cHasta ah\u00ed pueden ver, el resto es m\u00edo\u201d. Muri\u00f3 diez a\u00f1os despu\u00e9s de mi viaje, durante el a\u00f1o acad\u00e9mico. No pude viajar.<\/p>\n<p>Pero la pregunta que mi hija me hizo tiene efectos inesperados ya que no s\u00f3lo me hace pensar en esta coincidencia, sino que me pone frente a una realidad de la que soy causante. A medida que mi familia se achicaba lo mismo pasaba con sus objetos. Las casas se vaciaban y en este tr\u00e1nsito se perd\u00edan cosas. Al morir mi abuelo paterno llevamos sus pertenencias a la casa de mis padres. Recuerdo una caja de madera no mayor a una de zapatos. <strong>Hab\u00eda fotos, documentos, cartas y una libreta en italiano<\/strong>. Esta \u00faltima era un manual de comportamiento que el gobierno daba a los viajeros para que representaran con honor a la madre patria que los expulsaba. Tambi\u00e9n encontr\u00e9 una carta escrita por mi abuela, donde le dec\u00eda \u201cnene\u201d al tipo recio que fue mi abuelo. No recuerdo m\u00e1s qu\u00e9 hab\u00eda ah\u00ed, pero s\u00ed s\u00e9 que no prest\u00e9 atenci\u00f3n y que, con los a\u00f1os, desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Por el lado materno tampoco fue distinto. Las cosas que mi abuela dej\u00f3 se disiparon. Algunas hab\u00edan quedado en lo de mi padre. Pero cuando \u00e9l falleci\u00f3 yo repet\u00ed la rutina del que est\u00e1 lejos, esa casa, a la que yo sigo llamando mi casa, se termin\u00f3. Me resulta extra\u00f1o usar este verbo en referencia a una casa. La costumbre me hace pensar que cuando digo que una casa se termina es cuando los alba\u00f1iles ponen el \u00faltimo ladrillo o cuando alguien duerme ah\u00ed por primera vez. Pero en este caso la casa se termin\u00f3 con la vida de mi padre y tambi\u00e9n se agotaban mis posibilidades de rescatar algo perteneciente a mi abuela.<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed, la casa se parec\u00eda a un dep\u00f3sito m\u00e1s que a un hogar. Enojado fui al mercado y compr\u00e9 dos cajas bolsas negras de consorcio. En tres d\u00edas puse las cosas de la casa en las bolsas. Al final dejaba las bolsa en el volquete verde para la basura. Cerr\u00e9 la puerta con llave. <strong>De una casa donde se acumulaban los fragmentos de muchas vidas<\/strong> e inclusive objetos pertenecientes a dos casas m\u00e1s, solo quedaba la llave. Y que esto fuera lo \u00fanico que me conectaba con lo que esa casa representaba no me gener\u00f3 ninguna calma. Cerr\u00e9 y me fui. De mis abuelas ya no iba a rescatar nada.<\/p>\n<p>Hay un costado parad\u00f3jico en la escena que acabo de contar y tiene que ver con mi oficio en Indiana. Trabajo en una universidad. Soy profesor de literatura barroca. En mi disciplina la palabra archivo es una especie de talism\u00e1n para atraer la atenci\u00f3n de los lectores y las revistas especializadas. El archivo es un concepto que se abre como un paraguas y guarda debajo muchos significados. Al estudiar la literatura de una cultura antigua es clave considerar otros materiales que se produjeron en ese contexto. Ya no solo los libros que public\u00f3 una autora, sino tambi\u00e9n un grupo heterog\u00e9neo de cosas al margen que pasaron desapercibidas por a\u00f1os y que ahora adquieren relevancia. Pensar en el pasado es dejarse llevar por el deseo de encontrar un archivo que nos hable, que rompa el silencio para transformarse en una voz que necesitamos escuchar y que nos diga qu\u00e9 cosas hubo ah\u00ed, qu\u00e9 objetos se perdieron, qui\u00e9nes lo crearon y qui\u00e9nes lo destruyeron.<\/p>\n<p>Esas son algunas de las preguntas que este artefacto nos devuelve hoy. En mi caso particular, fui el que puso el punto final a la existencia de un archivo donde pudiera ver a mis abuelas de apellido italiano m\u00e1s all\u00e1 de la imagen de ellas cruzando un boulevard con acento franc\u00e9s. Fui yo el que, por voluntad, por omisi\u00f3n y por desidia <strong>se encarg\u00f3 de hacer explotar el archivo posible para luego quejarse por las esquirlas<\/strong>. Frente a esta realidad que, poco a poco, parece ir volvi\u00e9ndose invisible, ah\u00ed se clava la pregunta que mi hija me hace en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>En lugar de quejarme deber\u00eda sentirme orgulloso de su punter\u00eda porque la pregunta me interpela de tal forma que veo ahora d\u00f3nde est\u00e1 la salida para contar parte de mi historia familiar sin archivo. Quiz\u00e1s la memoria y el olvido tengan que ver con la condici\u00f3n de extranjer\u00eda que me asiste y me afecta, que me protege y me desluce, esa superstici\u00f3n donde la patria es el lenguaje. Y si esta creencia es v\u00e1lida \u00bfqu\u00e9 parte de ese pa\u00eds son los silencios? La clave de mi historia quiz\u00e1s est\u00e9 en los nombres de esta escena donde mis abuelas son atropelladas en el pasado. Dora Nelly Mar\u00eda y Enriqueta. Sonidos y silencios.<\/p>\n<p>Dora Nelly Mar\u00eda se llamaba mi abuela materna. Si hasta cuando lo digo en voz alta es tan sonoro que a veces parece que hablo de tres personas. Mi abuela con nombre de trillizas. La culpa la tiene esa y de Nelly que deja su lugar en el nombre y se vuelve conjunci\u00f3n. En esos tres nombres est\u00e1n las tres etapas de su vida: antes, durante y despu\u00e9s del accidente.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n hay mucho m\u00e1s. Su nombre es el \u00fanico relicario que puedo usar. Encuentro la infancia de una ni\u00f1a de clase media, con una caligraf\u00eda y una ortograf\u00eda impecable. Despu\u00e9s viene un salto. Un casamiento con un obrero que la aparta de la casa paterna para llevarla al hogar donde va a terminar sus d\u00edas. Dos hijos, nene y nena. Crecen. Cuando la menor tiene 3 a\u00f1os, fallece su esposo. A partir de ah\u00ed todo se acelera. El luto y el dinero. <strong>Pasa todos los meses por la comisar\u00eda a pedir el certificado de pobreza con el que cobra unos pesos m\u00e1s<\/strong>. Los trabajos se suceden unos a otros. Enfermera, lavadora. Su hijo adolescente sale a trabajar para ayudarla. La menor es la mejor alumna de la escuela. Ya no lava m\u00e1s para afuera. La hija va a ser maestra. Siguen los d\u00edas como se suceden las s\u00edlabas de su nombre.<\/p>\n<p>Dora Nelly Mar\u00eda envejece como su casa\u2014sobre la cual su hija ahora construye otra, que ser\u00e1 tambi\u00e9n la m\u00eda. El boulevard no se ha movido un cent\u00edmetro. Hoy prefiero no cruzarlo, solamente digamos que ella descansaba la pierna derecha sobre una de las sillas de su cocina. Elijo quedarme ah\u00ed, con esa puerta de tela met\u00e1lica que nunca encaj\u00f3 del todo en el marco, con las hornallas encendidas en invierno donde quemaba c\u00e1scaras de mandarinas. Ese tambi\u00e9n es el perfume que flota sobre los tres nombres que hoy recuerdo en la cocina de otro pa\u00eds.<\/p>\n<p>Enriqueta se llamaba mi segunda abuela. S\u00f3lida suena su nombre como un bloque. A diferencia del de la otra, tiene el suyo un tinte masculino como si para acceder a ella yo tuviera que pasar primero por la figura de su esposo o su hijo. Enriqueta es entonces una l\u00e1pida que desconozco y que no s\u00e9 en qu\u00e9 cementerio buscar. Es una foto que se recuerda pero que se resiste, un retrato al que no le puedo arrancar nada.<\/p>\n<p>Tallar ese bloque, tallar esa foto y tallar ese nombre. Con lo que voy quitando comienza la ilusi\u00f3n y ella aparece. Enriqueta era ec\u00f3noma y participaba en la vecinal del Barrio La Vivienda. Una mujer solidaria sin que le sobrara nada, peronista sin duda, y m\u00e1s alta que las mujeres de su tiempo. <strong>De mand\u00edbula s\u00f3lida, brusca, una mand\u00edbula de otro siglo<\/strong>, al igual que los ojos negros y el peinado. Enriqueta no tiene voz, no tiene acento al que volver. Porque cuando estoy por acercarme a ella, es el sonido del boulevard el que toma la escena. Un murmullo.<\/p>\n<p>No me dijeron c\u00f3mo la llevaron al hospital y menos qu\u00e9 pas\u00f3 con qui\u00e9n la atropell\u00f3. Cruza un auto en direcci\u00f3n sur, y yo en la vereda me quedo sin saber. Nada se escucha que no sea el ruido de un motor. Por eso imagino ahora el rostro de mi padre sinti\u00e9ndose ese d\u00eda casi hu\u00e9rfano. Detr\u00e1s del sonido de los escapes apenas aparece mi abuelo, tan recio, tan de traje negro, callado y hecho en un mundo m\u00e1s cruel donde la idea de enterrar a alguien de un d\u00eda para el otro era parte de su experiencia cotidiana. Son los ruidos del boulevard los que vuelven a imponerse, por un momento me marean hasta que todo parece amortiguarse en el grave nombre que hoy invoco.<\/p>\n<p>Estoy de nuevo en la cocina junto a mi hija y me pongo a contarle lo que s\u00e9.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p><strong><em>Juan Vitulli<\/em><\/strong><em>. Naci\u00f3 en Rosario. Estudi\u00f3 Letras. En el a\u00f1o 2003 viaj\u00f3 a Estados Unidos. Obtuvo una maestr\u00eda y un doctorado en Literatura Espa\u00f1ola. Sigui\u00f3 viaje hacia el norte y se detuvo en South Bend, Indiana. All\u00ed vive desde el a\u00f1o 2007, investigando y ense\u00f1ando sobre el Barroco. Es profesor en la University of Notre Dame. Cuando su trabajo se lo permite, escribe lo que \u00e9l define como literatura argentina de Indiana. Ha publicado tres libros de ficci\u00f3n: \u201cSur de Yakima\u201d (Corregidor, 2019), \u201cPrimavera Indiana\u201d (Tren Instant\u00e1neo, 2020) e \u201cInteriores\u201d (Beatriz Viterbo, 2023). Nada todos los d\u00edas.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mundos \u00edntimos. \u00bfC\u00f3mo transmitir el pasado? Con mi hija vivimos en EE.UU. y ella pregunta sobre mis abuelas que nunca conoci\u00f3Todo empieza con una pregunta. Con una pregunta que me hace mi hija de doce a\u00f1os en la cocina de casa. Ella naci\u00f3 en Indiana, Estados Unidos, que es el pa\u00eds donde est\u00e1 la cocina que mencion\u00e9 y al que me cuesta llamar casa.<br \/>\nYo no nac\u00ed ac\u00e1, soy de Rosario. Aunque vivo desde hace 20 a\u00f1os y ense\u00f1o literatura en una universidad, la lengua del lugar me suena ajena. Ella habla ingl\u00e9s y espa\u00f1ol. No s\u00e9 por qu\u00e9 hoy me hace la pregunta en ingl\u00e9s. Como no reacciono, ella, paciente en asuntos de lenguas, la repite en espa\u00f1ol, cambiando de lengua y de voz. Con esta voz me pregunta sobre mis abuelas. Cuando me habl\u00f3 en ingl\u00e9s supuse que se refer\u00eda a las suyas, que hablaba de mi mam\u00e1, muerta hace dos d\u00e9cadas, o de la mam\u00e1 de mi esposa que vive en Argentina. Pero no, me est\u00e1 preguntando sobre mis abuelas. Yo tardo en responderle. 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