Dementia busca, experimenta, pero no se muestra sólida en todas sus aristas
Dementia. Ópera en tres cuadros y epílogo. Estreno mundial. Música: Oscar Strasnoy. Libreto: Ariana Harwicz. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección musical: Tito Ceccherini. Dirección escénica: Mariano Pensotti. Diseño de escenografía y vestuario: Mariana Tirantte. Intérpretes: Florencia Burgardt (soprano), Sebastián Angulegui (barítono), Daniela Tabernig (soprano), Alejandro Spies (barítono), Mónica Ferracani (soprano), Víctor Torres (barítono), Iván Rutkauskas (piano), Milva Leonardi (actriz) y elenco. Sala: Teatro Colón. Funciones: repite los días 2, 4 y 6 de junio.
La historia de Dementia está protagonizada por la pareja de una escritora argentina a la que le cuesta -o eso parece- concretar su novela y un traductor francés que será el responsable del trabajo una vez que la obra de su esposa esté concluida. Ambos son becarios y se han instalado en una casa en Francia para realizar sus respectivas tareas. Los asiste una mucama que, además, tiene -o eso se sugiere- una relación clandestina con el marido.
En un momento, la seductora mucama desaparece y se suma un hecho policial: ¿dónde fue a parar la chica? ¿Quién la mató si es que eso ocurrió y quién es, en consecuencia, el culpable? En esa tentativa lista de acusables está un pianista-vecino, misterioso, al que se conoce solamente por su sonido y sobre quien no queda claro cuál sería el motivo para cometer un crimen, y un grupo de cazadores que tendrían menos motivo aún para semejante cosa.
A su vez, se superponen otras preguntas. ¿El esposo tenía verdaderamente una relación con la mucama? ¿Fue él quien se deshizo de la chica para ocultar el romance frente a su esposa? ¿Fue el pianista quien la asesinó por motivos que no son revelados? Y, en simultáneo, ¿la novela que debía ser escrita y para la que obtuvieron la beca, ha quedado bien plasmada? ¿Fue bien traducida luego por el esposo? ¿Sus carreras profesionales han sido exitosas o han fracasado en una vida psicológicamente complicada? ¿El amor y el deseo que los une está finalmente más allá de todas esas circunstancias?
Con esos elementos iniciales, la reconocida escritora y libretista Ariana Harwicz construyó una historia que agrega a su nudo dramático la ruptura de la personalidad -o la multiplicidad de personalidades- de los dos protagonistas que van y vienen hacia y desde el futuro, por lo que parte el protagonismo en tres parejas de cantantes -a los 25, a los 50 y a los 75 años- que son simultáneamente los mismos y otros muy diferentes.
Así contado, puede resultar atractivo tratar de meterse en esta trama de enredos mentales y cronológicos, pero el clímax nunca llega a su punto más alto, la historia se hace confusa en su relato y el hecho policial no termina tampoco de dar un encuadre argumental que sostenga el interés dramático.
31/5/26 Juanjo Bruzza – Prensa Teatro Colón
Para todo esto, el compositor argentino-francés Oscar Strasnoy -nacido en Buenos Aires y residente en Alemania- escribió una serie de músicas libres en su lenguaje, que se mueven entre la tonalidad y el atonalismo, entre la métrica marcada y el ritmo libre y fuera de toda similitud con la estructura de una ópera clásico-romántica. Por lo que tampoco en ese aspecto el espectador tiene dónde encontrar los puntos de llegada, de quiebre o de calma de una manera clara.
Moviéndose en esos territorios, los seis protagonistas centrales hacen gala de su profesionalismo y empujan como pueden. Son solventes todos ellos y tienen algunos momentos de lucimiento vocal. Las sopranos Florencia Burgardt, Daniela Tabernig y Mónica Ferracani componen a la escritora en los diferentes momentos de su vida. Los barítonos Sebastián Angeulegui, Alejandro Spies y Víctor Torres cumplen los papeles del traductor a los 25, 50 y 75 años, respectivamente. Y hay que sumar a ellos un grupo de actores que multiplica la personalidad de la pareja central o se pone en la piel de los cazadores, además del pianista Iván Rutkauskas.
Tito Ceccherini es el responsable de conducir esta partitura de unos 100 minutos al frente de la Estable del Colón y lo hace también con toda su experiencia en un terreno, el de la música contemporánea, que conoce muy bien.
Se luce una escenografía/puesta con un escenario giratorio que nos va llevando por diferentes espacios -responsabilidad del director escénico Mariano Pensotti y de la diseñadora Mariana Tirantte-, con un trabajo de vestuario que es otro de los puntos salientes de la puesta. Los elementos de iluminación y video son menos significativos en lo global.
Muy probablemente, la mayoría de los abonados al ciclo de ópera del teatro no compren sus butacas esperando este tipo de experimentaciones. Vale, por supuesto, que nuestro primer coliseo abra el juego a los lenguajes más modernos y a estas “rarezas” que dejan a la mayoría algo desconcertada. De todos modos, buscar no significa siempre llegar a mejor puerto. Dementia, cuyo título, así en latín, no termina de quedar claramente desarrollado en la obra, juega con la propia locura del espectador confundiéndolo, intentando llevarlo por caminos argumentales erráticos y con una música que tampoco lo ayuda a acomodar sus pensamientos de un modo claro. Visto desde allí, quizá podría decirse que se cumplió la misión de esta ópera que acaba de tener su estreno mundial en Buenos Aires.

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