Aitana: de sus canciones más íntimas a una gran fiesta pop, con un guiño a la selección argentina
Entre giras, escenarios y una exposición pública que comenzó cuando todavía era adolescente, Aitana encontró en el recuerdo de su habitación de la infancia una forma de volver a sí misma. Ese espacio, asociado a una época en la que aún no era una de las grandes figuras del pop español, se convirtió en el punto de partida de Cuarto azul. En su cuarto álbum, la cantante se permite revisar las dudas y las contradicciones que conviven con una carrera exitosa. Ahora, ese refugio personal se trasladó al Movistar Arena, en la primera de las tres fechas porteñas de su “Cuarto Azul World Tour”, que se perfila como la gira más ambiciosa de su carrera. Ahí, las canciones de su trabajo más vulnerable y autobiográfico oscilaron entre lo confesional y la escala de un espectáculo pop para miles de personas.
Con un gran despliegue escénico, la cantante abre las puertas de un cuarto que toma forma real sobre el escenario, como parte de una casa con escaleras, lámparas, percheros y distintos ambientes por los que se desplaza a lo largo del espectáculo. La puesta en escena convierte el universo del disco en un espacio habitable, que cambia con las canciones y acompaña un recorrido por diferentes emociones a lo largo de distintas horas del día, desde el mediodía hasta el anochecer, la medianoche y la madrugada, hasta llegar a la mañana siguiente.
“6 de febrero” marcó un inicio intenso, abriendo la noche con una franqueza total y, aunque el cuerpo de bailarines aportaba movimiento a la puesta, la actitud se mantuvo más concentrada en el clima introspectivo y emocional que en la celebración. La apertura instaló así el costado más vulnerable de Cuarto Azul, para continuar con “Segundo intento” y “Duele un montón despedirme de ti” como las primeras estaciones de un recorrido marcado por las heridas sentimentales del disco y unas visuales tormentosas, que lentamente fueron dejando lugar a un atardecer dorado.
Entre la dificultad de soltar una historia y la nostalgia por aquello que ya no está, el cambio de paisaje dio lugar a la primera interacción de la artista con el público, en la que recordó su paso por el Gran Rex en su primera visita al país y agradeció la convocatoria de este año, que llevó a sumar tres fechas, esta vez en el recinto de Villa Crespo. “Cuando planeamos la gira de Latinoamérica, contábamos solamente con un Movistar Arena en Buenos Aires, que ya me parecía una locura, pero se vendió tan rápido que tuvimos que sacar más fechas. Vosotros vendisteis todo”, confesó.
El intercambio también tuvo lugar para una camiseta argentina que recibió sobre el escenario. “Yo soy española y voy con mi país, pero siempre he querido y siempre he apostado también por Argentina”, dijo, antes de recordar la emoción que le había provocado el Mundial. Aquel momento tuvo un guiño futbolero inevitable en un año en que España se impuso a la Argentina en la final mundialista, aunque Aitana prefirió quedarse con el cariño que siente por ambas selecciones.
El show retomó su recorrido con “No te has ido y ya te extraño”, donde, acompañada por una ajustada banda en vivo que habitaba uno de los cuartos, la cantante desplegó uno de los momentos de mayor potencial vocal y catarsis, mientras iba anocheciendo, para llegar a “Cuarto Azul”, la canción más vulnerable, que da nombre al disco y concentra buena parte de su sentido. En total soledad, tendida sobre la cama, con las cortinas cerradas, invitando al público a espiar un momento privado y un gesto de intimidad a través de las pantallas, cantó: “Quiero volver donde crecí, por favor / No quiero viajes entre las estrellas / Yo nunca me consideré una de ellas”. La letra condensa una de las búsquedas centrales del álbum: recuperar un espacio propio en medio de la exposición y reencontrarse con una identidad que no quede reducida a la figura pública. En Cuarto azul, esa necesidad de volver a sí misma convive con una mirada autobiográfica sobre la depresión y la salud mental, temas sobre los que la cantante habló abiertamente y vinculó con el proceso de escribir el disco, que formó parte de su sanación.
Luego de aquel interludio íntimo, la medianoche continuó revelando otras facetas de Aitana a través del repertorio, amplificando el registro emocional con canciones de otras etapas y estilos. En un tramo con la cantante cada vez más desenvuelta sobre el escenario, “Los Ángeles”, “miamor” y “AQYNE” recuperaron la dimensión más sensual y bailable de su música, mientras que “24 Rosas” y “Gran Vía”, la colaboración que comparte con Quevedo, ampliaron el recorrido hacia otros colores del pop contemporáneo, subiendo la energía con una propuesta más coreográfica.
“Este disco para mí es el más especial que he sacado porque estaba en una etapa muy vulnerable. Y bueno, me quise refugiar un poco en la música”, admitió, antes de volver a la introspección y la sensibilidad en “Desde que ya no hablamos”. “Esta canción la hice para ti, aunque no sé si hay música en el cielo”, cantó también en homenaje a su abuelo. La frase introdujo nuevamente una de las zonas más sensibles del concierto, en la que la escenografía doméstica acompañó una reflexión sobre la ausencia y la memoria. A continuación, celebrada por el público y con una interpretación en la que volvió a destacar su caudal vocal, “Vas a quedarte” recuperó otra etapa de su repertorio y prolongó el registro emotivo antes de que el show volviera a cambiar de dirección.
Durante la madrugada, otro cambio de energía. Con hits como “Mon Amour” y “LAS BABYS”, que ya suenan como himnos en su setlist, el baile y la celebración colectiva con fans arriba del escenario recuperaron el protagonismo. Pero el regreso a la pista no dejó atrás por completo el relato del álbum. En la transición hacia la mañana y el último bloque del show, la fiesta continuó con un pulso electropop en “En el centro de la cama”, donde la soltería se convirtió en una experiencia de autonomía y reivindicación del espacio propio, mientras que “Lía” puso el foco en la amistad y en la importancia de los vínculos que acompañan los momentos difíciles.
En ese desplazamiento aparece otra de las ideas más interesantes de Cuarto Azul. La recuperación no implica borrar lo vivido ni dejar de sentir, sino encontrar otras formas de relacionarse con el pasado. El amor romántico deja de ser el único centro de la historia y comparte espacio con la amistad, el deseo, la independencia y el disfrute.
Acompañado con gran efusividad por parte del público, el tramo final reunió la explosión de “Conexión psíquica” y “Superestrella”, su tema de mayor tendencia en la actualidad y uno de los más esperados de la noche, que juega con una etiqueta que la cantante ha buscado resignificar.
Entre las canciones que hablan de las heridas y aquellas que invitan a bailar, Aitana construye un espectáculo en el que su último álbum funciona como algo más que una colección de temas nuevos. Cuarto Azul ofrece un marco para recorrer distintas versiones de la artista. La que necesita volver a su infancia para reencontrarse, la que se permite explorar el dolor y la que, desde el escenario, reivindica su lugar como estrella pop.
Colaboradora de Espectáculos. Estudió periodismo especializado en cultura y espectáculos en TEA Arte y ha colaborado como redactora en portales web de música, cine y series. Actualmente cursa la Licenciatura en Gestión de Medios y Entretenimiento en UADE.

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