Sergio Tiempo, el pianista argentino que grabó con Anthony Hopkins: de por qué le recordó a su “viejo” a la broma con el actor que terminó en abrazo

Nació en Venezuela y vive desde hace cuatro décadas en Bélgica. Pero es argentino. Tanto que una charla con el pianista Sergio Tiempo (vía zoom, Buenos Aires-Bruselas) no debe coincidir con uno de los partidos que el seleccionado juegue en este Mundial 2026.

Viene de una familia de músicos, especialmente de pianistas, desde su abuelo Antonio de Raco y su madre Lyl Tiempo, hasta su hermana Karin Lechner y sobrina Natasha Binder, todas protagonistas, junto a Martha Argerich, del documental La calle de los pianistas. Aunque este es solo un dato de color en la vida artística de Sergio, porque tiene una extensa carrera como pianista. Ya a los 14 subió por primera vez a las tablas del Concertgebouw de Amsterdam y desde entonces consolidó una carrera a través de recitales de piano, música de cámara y sinfónica, con orquestas y directores de distintas partes del mundo.

Aunque nunca haya vivido aquí de manera permanente, vuelve a la Argentina cada vez que puede, para visitar a la familia y para dar conciertos. Su última visita fue el año pasado, cuando estrenó un concierto del compositor argentino Esteban Benzecry, Universos Infinitos, en el Teatro Colón. Y a pesar de que no tienen próximas fechas por estas tierras, espera que para el año próximo o el siguiente pueda estar tocando otra vez en Buenos Aires.

Mientras tanto, prepara unos recitales con el violinista Maxim Vengerov, que dará en ciudades europeas y recuerda la grabación que, hace unos meses atrás, hizo en Londres.

Poca gente lo sabe. Además de ser un célebre actor, Anthony Hopkins toca el piano y compone música académica. El dos veces ganador del Oscar como mejor actor por El silencio de los inocentes y El padre, recientemente tomó la decisión de grabar una parte de ese material que viene trabajando pacientemente desde hace décadas. El resultado es un álbum que el sello Decca publicará el 21 de agosto próximo. A sus 88 años, Hopkins quiso darse ese gusto. Contrató a la Philharmonia Orchestra, al director Gustavo Dudamel, a Sergio, al chelista Gregorio Nieto y a dos coros para hacer sonar su música durante dos días de grabación en un estudio inglés.

Termina el partido de Argentina versus Inglaterra. El corazón vuelve a su lugar, los pulmones se llenan otra vez de aire y en el WhatsApp aparece este mensaje de Sergio Tiempo: “Vaaaamosss”.

El Zoom conecta y al otro lado la cámara habla con un acento bien porteño. “Hasta los 13 años mi acento era venezolano puro, puro. Pero cuando nos mudamos a Europa, como todos en casa eran argentinos, terminó ganando este acento”.

Claro que así como Sergio tiene cuatro nacionalidades (venezolana, argentina, belga por su esposa e italiana por su abuelo De Raco), la música que hace no tiene mayores fronteras. Hoy puede ser música de cámara, unos días después una suite escrita por un afamado actor inglés.

Y se puede sospechar que terminó grabando esta música de Anthony Hopkins porque antes ha dado muchos conciertos que fueron dirigidos por Gustavo Dudamel.

Sergio Tiempo y Karin LechnerGentileza II Encuentro

“Sospechás bien, aunque formalmente, cuando me contactaron me dijeron que Sir Anthony Hopkins escribió una música y le gustaría que la grabara con Gustavo. Pero por supuesto que la verdadera historia creo que fue que lo contactaron a él y Gustavo me propuso como pianista porque le pareció que le iría bien al proyecto. En cualquier caso, fue una sorpresa muy particular porque, bueno, por supuesto, yo no sabía que Hopkins escribía música. Solo sabía que tocaba el piano, eso sí y que le gustaba improvisar. Y apenas me puse a leer las obras que me mandaron, me pasó una cosa muy rara. Por un lado, es una música que no es particularmente compleja. Es, más bien, música un poco cinematográfica, inclusive, que cuenta historias, pero, al mismo tiempo, muy profunda desde algún punto de vista y muy sincera, sin ninguna pretensión. Eso a mí me desarmó, me pareció que pasaba algo que me conmovía. Y lo raro es que me sentí muy vinculado con él de alguna manera. No sé cómo explicarlo, pero como si yo pudiera ver lo que le había pasado en su vida”.

-¿Y lo confirmaste?

-Cuando me encontré con él en Londres para grabar se confirmó todo lo que yo sentía. Fue un encuentro muy especial. En un momento me recordó mucho a mi propio viejo. Sí, había cosas de él que me recordaban a mi papá. Y entonces le dije, “Tony, ¿no me podés adoptar, porfa” [se ríe]. Me abrazó y me dijo: “Mi hijo”. Quedamos en contacto desde entonces, me dio muchos consejos súper inteligentes, interesantes y, sobre todo, reconocí esa profundidad que había escuchado en su música.

-¿Te pidió algo específico de la partitura o le interesaba más saber cómo sonaba tocado por un músico profesional?

-Estaba encantado con todo lo que hacíamos y con todo lo que proponíamos. Inclusive hace unos días me escribió para agradecerme porque había escuchado toda la grabación y le parecía que yo le había dado una dimensión a la obra que era lo que él soñaba. Una modestia de hombre. Estuvo los dos días, durante toda la grabación del álbum, y solo nos dijo cosas positivas.

-El proceso fue rápido…

-Sí. Todo top, top. Empezando por la Philharmonia, que es impresionante, Gustavo, por supuesto, Gregorio Nieto, que grabó los chelos; los ingenieros. Y por supuesto, un séquito de sellos discográficos que querían publicar el disco.

-¿La producción no fue de un sello?

-No, después se decidió que Decca era el más apropiado para la publicación.

-¿Cómo es el álbum? Porque hasta ahora se conoce solo un corte, que es un movimiento de la suite que grabaste.

-Tiene algo muy interesante porque, a pesar de que todo tiene su firma, su personalidad, cambia de una obra a otra. La suite no tiene que ver con las obras para chelo, lo que hace el coro es hermosísimo. Creo que está contando una autobiografía, de alguna manera.

– Y Dudamel, ¿qué tiene de distinto como director?

-Trabajé con muchas orquestas, con muchos directores. Todos tienen cosas únicas, particulares y maravillosas. Lo que tiene Gustavo es que entusiasma. No importa qué se esté tocando ni con quién, crea un entusiasmo y ganas de hacer lo que uno está haciendo que todo se enaltece. Yo creo que es, un poco, como Messi cuando juega. No importa ni siquiera tanto cómo él está jugando, sino que el mero hecho de que él esté ahí hace que todos jueguen mejor. Crea un clima que hace que todos quieran dar más.


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