Jack Antonoff, el arquitecto del pop actual: por qué al socio creativo de Taylor Swift no le importan las tendencias

Jack Antonoff es el orfebre del pop actual. Desde hace más de una década produce y compone con los artistas del momento, como Taylor Swift, Lana Del Rey, St. Vincent y Lorde, que con su propia identidad han sido fundamentales para dar forma al pop del siglo XXI.

El éxito de Sabrina Carpenter, que brilló en la última edición de Lollapalooza, es fruto de su estilo épico y expansivo, donde los arreglos sutiles se entrelazan con una instrumentación pensada para conquistar estadios. Con “We are Young”, el hit que logró con su antigua banda fun., hace 14 años, profundizó una estética que muchos artistas luego adoptarían. A él, sin embargo, no le interesa hacia dónde va el pop que él mismo está ayudando a moldear, sino que la música sea genuina.

“La verdad, me importan un carajo las tendencias. Solo pienso en hacer lo que sienta honesto en cada momento. Todo el placer de escuchar música es encontrarte con cosas que son nuevas y auténticas. Cualquiera que intente hacer predicciones debería estar trabajando en otra industria”, afirma el productor a LA NACION tras la salida del nuevo álbum de Bleachers, el grupo donde muestra su faceta de frontman y cantante.

El proyecto nació en 2014 como un experimento solista de Antonoff (casado con la actriz Margaret Qualley) que sirvió de vía de escape para las canciones que iba escribiendo y que no tenían lugar ni en fun. ni en el repertorio de los artistas con quienes trabajaba. Más de diez años después, Bleachers se convirtió en su banda principal, que ya va por su quinto álbum, Everyone for Ten Minutes, en el que los instrumentos tradicionales se sobreponen a las bases electrónicas que caracterizaron a sus anteriores trabajos.

Para el músico, el proceso de grabación de este disco “fue mucho más salvaje” y divertido: “Me obsesioné con que en cada rincón se pudiera escuchar a la persona que estaba tocando. Me metí de lleno en la magia de vernos ahí tocando juntos, esa fue mi filosofía de grabación”, explica sobre la dirección que tomó para este nuevo álbum.

“Hay momentos donde me encanta que las canciones suenen épicas, más grandes que la vida misma, y otros en donde quiero que todo sea extremadamente minimalista, con muy poca gente en la sala. Pero el hilo conductor de Everyone for Ten Minutes, sin importar qué tan inmenso o íntimo sea, es que se pueda sentir a cada músico en todo momento. No quería que se perdiera la sensación de que había seres humanos tocando instrumentos”.

Sabrina Carpenter y Jack Antonoff

El énfasis que pone Antonoff en destacar la labor colectiva de estas once nuevas canciones no es casual. En el debut de Bleachers, Strange Desire (2014), él se hizo cargo de casi todo, mientras que en este último disco la banda está siempre presente, incluso en la composición. A esta altura, los músicos que lo acompañan de forma permanente desde 2023 se han convertido en una especie de E Street Band. La comparación no es caprichosa: temas como “Dirty Wedding Dress” y “Take you out Tonight”, con el saxo marcando el camino, remiten a la música de Nueva Jersey, lugar de nacimiento del productor, y en especial de Bruce Springsteen, que colaboró con ellos en su tercer álbum.

“Con Bleachers logré proteger la parte más importante de hacer música y de tener una banda. Acá me siento muy seguro para indagar cada vez más en mí mismo y en el grupo. Siento que desarrollamos una especie de lenguaje telepático. Es algo que le pasa a los músicos cuando llevan mucho tiempo juntos. Tenés tus influencias, tus experiencias de vida, todos los shows que tocaste… lo metés todo en una licuadora y, de repente, sale un sonido que es solo tuyo. Hoy en día, de hecho, mi principal punto de referencia es la propia banda. Al principio quería probar esto y aquello, pero llegó un punto en el que solo quise profundizar más en lo que significa Bleachers. El concepto en este último tiempo fue justamente ir a fondo en lo que hacemos en lugar de intentar complacer a las masas”, analiza Antonoff, que ve este proyecto como un refugio donde puede desarrollar sus propias inquietudes sin que eso se transforme necesariamente en su zona de confort.

Para él, producir su propia música y la de otros es parte del mismo proceso creativo. “Es curioso, porque por un lado es algo totalmente distinto, pero por el otro, todo sale del mismo lugar. Al final del día, por más que sea un proceso complejo y con mucho trabajo detrás, todo —ya sea Bleachers o los discos que produzco— nace de escuchar algo, sentirlo y tener la necesidad de convertirlo en algo real. Es mi forma de comunicarme con el mundo a través de la música”. Visto así, se entiende por qué, a pesar de haber trabajado con artistas tan disímiles, su sello está siempre presente a través de la búsqueda de emociones genuinas.

“Los sonidos y la parte técnica son como un ropaje: te das cuenta cuándo algo funciona y cuándo expresa una idea de la mejor manera, pero lo más importante es el alma de la canción. Lo que me obsesiona constantemente, mucho más que los detalles técnicos, es encontrar ese sentimiento profundo”, admite. “Simplemente te das cuenta cuando lo encontrás. Aparece solo. Podés intentar de todo para que pase, pero la verdad es que cuando sucede, lo escuchás y lo reconocés de inmediato porque sentís algo en la boca del estómago. Me encanta lo aleatorio que es ese proceso y que, por más que pase el tiempo, todavía tenga que salir a buscarlo incansablemente. A la hora de escribir y grabar, lo único que realmente se puede perfeccionar es lograr que tu instinto se escuche cada vez más fuerte”.

Esta forma de pensar la música fue la que vio Taylor Swift en 2014 cuando lo invitó a colaborar en tres canciones del álbum 1989, entre ellas el hit “Out of the woods”. Si bien su primer encuentro fue para componer y producir “Sweeter than fiction” para la banda sonora de la película One Chance, a partir de ese momento su vínculo creativo se fue afianzando en sus siguientes discos, desde Reputation hasta The tortured poets department. La artista, a quien Antonoff considera “brillante” y “la mejor” para trabajar, también confió en él para regrabar sus discos, los que salieron como “Taylor’s version”, cuando perdió los derechos sobre ellos (y que recuperó recientemente). Sobre ese desafío, que el músico replicó en 2024 con el primer disco de Bleachers, dice que lo encaró de la misma forma con la que se enfrenta a cualquier proyecto: “me imaginé qué podría llegar a ser esa canción y después me pasé el tiempo tratando de estar a la altura de lo que proyecté en mi cabeza. Es una mezcla de probar cosas nuevas y mantener el espíritu de la grabación original”.

El sonido que logró con Lana Del Rey en sus últimos tres álbumes, con St. Vincent en Masseduction y con Lorde a partir de Melodrama (2017) lo terminaron de consagrar como una de las figuras más importantes del pop del siglo XXI, reconocido en los Grammy por tres años consecutivos entre 2022 y 2024. Con el tiempo, no solo demostró versatilidad al trabajar con artistas como la banda de rock The 1975 y el rapero Kendrick Lamar, sino también una gran capacidad para captar la esencia de cada uno. “Todos tienen sensibilidades, historias y sonidos diferentes, pero el objetivo es el mismo: crear algo que suene exactamente como esa persona en ese momento en particular”.

El búsqueda, a pesar de todos los éxitos que obtuvo, no es sencilla. “Cada disco es como escalar una montaña. Hay tramos que parecen simples y otros que son durísimos. Tenés que pasar por todas las emociones: diversión y alegría, pero también ansiedad y momentos donde no sabés para dónde ir hasta que de a poco encontrás el camino. Eso es lo que hace que el proceso sea tan intenso, que no se puede fingir. No hay una forma fácil, solo hay que ir y hacerlo”, confiesa Antonoff, que encuentra en todos los artistas con quienes trabajó una fuente de inspiración para su propia música. “Mientras hacía Everyone for ten minutes estaba trabajando al mismo tiempo con Kendrick en GNX y con Sabrina Carpenter en Man’s best friend. Esos tres discos suenan totalmente diferentes entre sí. No me inspiro necesariamente en los sonidos, sino en la perspectiva y en la vulnerabilidad. Si alguien me cuenta una historia muy honesta en una canción, eso me hace pensar en la historia que yo estoy contando en la mía y me permite verla desde otros ángulos. Es como charlar con un amigo sobre la vida porque, aunque no estés pasando por lo mismo, puede servir como referencia”.

Para él, no hay una fórmula para encontrar el hit. “Yo creo que la música conecta con la gente en todo momento. No importa cómo suene, lo único relevante es que se sienta auténtica y que me genere entusiasmo al escucharla”.


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