Una histórica fábrica de cosechadoras se vende por USD 1 para evitar su cierre definitivo

Vassalli, la fabricante de cosechadoras fundada en Firmat en 1949, negocia su traspaso a un nuevo grupo inversor por el valor simbólico de un dólar. La condición principal es que quien ingrese como nuevo accionista absorberá la totalidad de los pasivos acumulados por la compañía, que si bien no se comunicaron oficialmente, en la industria ya adelantan que serían “montos de deuda altísimos”.
Sin embargo, según consta en registros oficiales del Banco Central, la firma acumula unos 869 cheques rechazados por un monto total de 1.337 millones de pesos. En el caso de que el acuerdo se cierre antes de fin de junio, tal como prevén las partes involucradas en la transacción, la empresa cambiará de manos por cuarta vez en poco menos de una década.
El valor de venta de la compañía refleja el peso de una deuda que incluye salarios adeudados, obligaciones con proveedores y un esquema laboral reducido a cuatro horas diarias acordado entre la empresa, el gremio metalúrgico y las autoridades laborales de Santa Fe. “El eventual comprador está preocupado por la masa salarial, porque es demasiado grande lo que se adeuda”, dijeron a Infobae fuentes con conocimiento de la transacción.
La propuesta está encabezada por Roberto Santiago Chinelli, exgerente general de la empresa durante la gestión del último propietario, Eduardo Marsó, y vinculado a la firma desde los años 90. Detrás de él, aseguran, hay un grupo de inversores nacionales cuya identidad no trascendió. Si la operación prospera, Chinelli quedará al frente de toda la operación industrial: producción, desarrollo de producto, área comercial, recursos humanos y servicio mecánico. El área financiera seguiría radicada en Buenos Aires.
Las negociaciones apuntan a cerrarse entre el 15 y el 20 de junio, aunque fuentes de la Municipalidad de Firmat advirtieron a Infobae que el proceso acumula demoras. “La esperada venta se podría concretar entre el 15 y el 20 de junio, situación que se repite en esta cuestión de plantearle a la sociedad una nueva prórroga de tiempo. Es lo que pasa siempre”, comentaron.
En tanto, lo que frena el cierre, según fuentes con conocimiento de la operación, es un enredo de papeles que se arrastra desde los sucesivos cambios de manos. “Estaban complicados los papeles por el encadenamiento de cambios societarios, el paso por una convocatoria y la venta previa a Marsó, que pagó una parte y luego dejó de pagar”, explicaron a este medio.
La crisis de Vassalli no es nueva, pero se agudizó con fuerza desde 2023. Ese año, marcado por la fuerte sequía que atravesó el agro argentino, la empresa dejó de tomar nuevas ventas y concentró su actividad en fabricar 39 máquinas ya comprometidas. A noviembre de ese año quedaba una sola unidad por terminar. Hoy, los trabajadores asisten a la planta en un esquema de cuatro horas diarias, con salarios atrasados y sin certeza sobre el futuro inmediato de la compañía. La municipalidad y el gobierno provincial asistieron a los empleados con alimentos y atención sanitaria durante los meses más críticos.

El plan que llevaría adelante el nuevo grupo no se limita a pagar las deudas, sino que prevé una reorganización integral que incluye la recuperación gradual de la actividad fabril, una modernización tecnológica orientada al desarrollo de nuevos productos y la creación de herramientas financieras propias para la comercialización de maquinaria. Este último punto apunta a cerrar una brecha histórica frente a los grandes fabricantes internacionales, que cuentan con estructuras de crédito para ofrecer financiamiento directo a los productores.
Roque Vassalli fundó la compañía en 1949 en Firmat, ciudad del sur de Santa Fe. Desde entonces, la firma creció hasta convertirse en una de las marcas de referencia de la industria de maquinaria agrícola argentina, con tres plantas cubiertas que suman 99.000 metros cuadrados, producción de cosechadoras, plataformas y repuestos, y un área de investigación y desarrollo propia.
La historia reciente de la empresa es la de una sucesión de crisis y traspasos. Tras atravesar una convocatoria de acreedores, en 2020 la Justicia aprobó el acuerdo entre Mariana Vassalli —heredera de la familia fundadora— y la firma Financiamiento Estratégico S.A. para transferir la gestión a nuevos actores mediante un fideicomiso creado para asumir el manejo de la compañía. Bajo ese esquema, Esteban Eskenazi —hijo mayor de Enrique Eskenazi, titular del Grupo Petersen— tomó el control con el 90% del capital accionario, con Matías Carballo como socio minoritario.
La gestión de Eskenazi y Carballo logró ordenar los números de la empresa, pero el contexto macroeconómico y la sequía de 2023 los llevaron a poner Vassalli en venta. En enero de 2024, la compañía pasó a manos del empresario entrerriano Eduardo Marsó por USD 8 millones, en una operación pactada a cinco años con un desembolso inicial del 10% y el resto a cancelar dentro del plazo convenido.
Marsó tenía antecedentes en el sector agroindustrial: había estado al frente de la metalúrgica Albace, dedicada a maquinaria para frigoríficos, fue dueño de la avícola Las Camelias —que luego cedió a sus hermanos— y tuvo participación en Procesadora Ganadera Entrerriana, dedicada a la faena de bovinos. Sin embargo, según las fuentes consultadas por Infobae, el empresario pagó la primera cuota y dejó de abonar el resto. Esa deuda pendiente con los anteriores dueños es hoy uno de los nudos que complica la transferencia al nuevo grupo.

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