La Bomba de Tiempo: crearon una “rave” de tracción a sangre con sus tambores y hace 20 años que todos los lunes convocan a 1500 personas
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“El grupo de percusión La Bomba de Tiempo debutará el 8 de mayo, desde las 19, en la Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131, con un show que comenzará con un ensayo abierto, a modo de calentamiento, para continuar con una fiesta y baile de tambores”. Esto no es lo que habitualmente se conoce como “fecha para agenda de fin de semana”, sino el anticipo que un cronista de LA NACIÓN escribió hace veinte años. Sí, fue en 2006 cuando La Bomba de Tiempo ofreció su primera actuación. Y será este sábado 9 (de 2026) cuando festeje, en ese mismo escenario, sus dos décadas de vida con un espectáculo especial. Porque al decir troileano, La bomba de tiempo nunca se fue: “siempre está llegando”.
Más allá de esta actuación, cada lunes sube al escenario de Ciudad Cultural Konex para cumplir con un ritual que se ha transformado en una especie de pacto entre los 14 músicos que lo integran y su público (el 11 habrá un show apto para todo público). Se sabe de qué manera comienza, pero no cómo termina, ya que el lenguaje de improvisación, mediante el sistema de señas que imparte el director, es lo que marca el pulso y el destino de cada función. Y no deja de ser curioso que existan expresiones de este tipo en una era donde la música está cada vez más “guionada”.
Es una historia que se hizo sin prisas ni pausas. Como hoy todo se contabiliza y se mensura, se puede decir que La Bomba ofreció más de 1000 funciones los lunes en el espacio Konex y que tocó ante más de 7.000.000 de espectadores, durante 40.000 horas de improvisación. Porque, además de los shows porteños, se presentó en 80 ciudades de 13 países y compartió el escenario con artistas de la talla de Coldplay, Calle 13, Julieta Venegas, Natalia Lafourcade, Los Fabulosos Cadillacs, Duki y WOS, entre muchos otros. Muchísimos más.
La función de este sábado 9, que comenzará a la medianoche y se extenderá hasta la madrugada con DJ y artistas invitados, será el puntapié no sólo del inicio del año 21, en el Konex, también abrirá la agenda de una nueva gira por la Argentina y el exterior. Entre el 15 y el 17 de este mes el grupo estará en Córdoba, Santa Fe y Rosario. Además, ya tiene agendada una nueva gira europea, con shows confirmados en Valencia, Barcelona y Madrid, en octubre, y prepara actuaciones en Brasil y México.
El proyecto surgió a instancias del músico Santiago Vázquez, quien quiso aplicar el sistema de improvisación por señas que venía utilizando con otra formación, el Colectivo Eterofónico, en un formato exclusivamente percusivo. El proyecto duró siete años hasta que Vázquez, en 2013, tomó otro rumbo y el grupo entró en una nueva etapa, que se abrió a las giras de shows e, incluso, la publicación de canciones y EP.
Tres de sus integrantes, Alejandro Oliva, Mariano “Tiki” Cantero y María Bergamaschi, que son parte del grupo desde sus inicios, recuerdan cómo fue su evolución, desde el primer ensayo.
“Fue bastante raro. No le pescábamos la onda, pero sabíamos que estábamos con gente con la que queríamos estar. Fue desconcertante y, a la vez, interesante, porque todos estábamos ávidos de algo”, recuerda Oliva. “De hecho-aporta Cantero- Santiago ha dicho más de una vez que esos primeros ensayos fueron una frustración porque no salía lo que él pensaba. La propuesta se fue amasando desde el hacer y cada uno tomó sus propias herramientas, más allá del sistema en sí”.
Paciencia y perseverancia, dos cualidades que hay que saber combinar. Y se pudo. Los integrantes de la Bomba pueden contar con 20 años de trayectoria gracia a eso.
-¿En un momento la experimentación se convirtió en experiencia artística?
Bergamaschi: –Sigue siendo de experimentación. Y es uno de los factores que nos mantienen tan despiertos sobre el escenario y conectados con el presente. Porque estamos componiendo en tiempo real. Lo que encontramos es el lenguaje de la Bomba. Tomó forma al conocer lo que cada uno podía aportar al colectivo. Y se armó una sonoridad que llevó un proceso. Luego, el factor experimento siempre está. Algunos lunes más que en otros.
-¿De qué depende, del público o de ustedes?
Bergamaschi: –A veces de los directores [varios de los músicos del grupo se alternan la dirección de La Bomba], que traen una idea nueva, o el no saber con qué arrancar y aparece una idea totalmente nueva. Depende, también, de los lugares. La realidad de experimentar está siempre. Formamos parte de un todo, tenemos que escucharnos mucho. Es una experiencia positiva, espiritual y física, que está muy en el presente. Se vivencia con el cuerpo y no va a volver a suceder del mismo modo. La gente también participa.
-¿Cómo explican qué es La Bomba de Tiempo a alguien que no tiene idea de qué se trata? ¿Cómo lo convencen de que vayan a verla?
Oliva: –Estamos todos los lunes desde hace 20 años. Es algo que funciona más allá de nuestra voluntad. Cada lunes hay más de 1500 personas participando de una especie de ritual. Una rave pero con tracción a sangre. Somos 14 músicos tocando percusiones de distintos orígenes, y generando ritmos sofisticados y simples a la vez. No es un género musical por lo tanto no es necesario saber bailar como si tocáramos salsa. Y arriba del escenario, si no estás sintiendo lo que pasa, es como una momia. Necesariamente hay que estar conectado. Una vez, alguien me dijo que le encantaba cuando yo bailaba sobre el escenario porque parecía que cualquiera lo podía hacer. No sé, todavía, si fue un piropo o una crítica. Quizá me estaba diciendo: “Sos tan malo que todos nos animamos”. Y el espacio es muy funcional.
-¿Qué sucede fuera del escenario, son una familia de artistas?
Bergamaschi: –Funcionamos como cooperativa, cada uno tiene la responsabilidad de un área. Tomamos decisiones consensuadamente, más allá de que formalmente sea una SRL. Fuera del escenario, naturalmente compartimos otras cosas, como encontrarnos el 24 de marzo o el 8 de marzo en las marchas, que son dos fechas emblemáticas para La Bomba. También sobre el escenario, porque preparamos cosas especiales.
-Sos la única mujer, ¿Qué pasa con el cupo femenino?
Bergamaschi: –[se ríe] Preguntale a mis compañeros. En realidad, soy la única mujer titular, pero hay otras mujeres que participan como remplazos. Este año conformamos una comisión de género dentro del grupo y es algo importante para seguir reinventándose y creciendo. Esto también nos hace crecer musicalmente.
Cantero: –Una familia implica desafíos siempre. Coincidir y no hacerlo, ente gente distinta y con afinidades. A la vez, La Bomba es algo abierto y nos diluimos en ese espacio. En el núcleo de la Bomba nos aggiornamos y aprendemos. Eso influye en la música porque cuando tocamos también estamos contando una historia. Cada lunes es una distinta. Hay algunas más entretenidas que otras. Además, en estos veinte años hubo gente que murió y también hubo hijos que llegaron.
-¿En una gira existe el ritual?
Cantero: –Es un retorno al primer show. Siempre hablamos de que, en Konex, la gente sabe con qué se va a encontrar, pero en un lugar nuevo la adrenalina es especial. El tiempo es circular, volvemos al primer show. La novedad de tocar por primera vez.
-La lista de invitados es muy diversa. Y La Bomba no tienen hits, ni siquiera un estilo musical determinado. Ante todo esos “no” construyeron 20 años de historia.
Oliva: –La carencia de todo eso también implica que lo que pega de nosotros es solo lo que generamos en vivo. Nos pasa, también, que la comunidad argenta nos sigue afuera. Nos ha pasado con gente que viviendo en Londres, fue a vernos allá y nos contó que los lunes, mucho años antes, nos iba a ver a Konex.
Bergamaschi: –Y si pensamos en los sí (en lo positivo), hay que inventar todo. No tuvimos grupos modelo.
-¿Hay disciplina de orquesta?
Bergamaschi: –Hay nueve directores que van rotando y cada uno tiene su impronta y su estilo. Pero siempre se compone en tiempo real. Al no ser un grupo estándar también nos ayuda a reinventarnos.
Cantero: –Ir a un festival hace más difícil el trabajo. En donde te ponen si no sos “esto” ni “aquello”. Insertarse es desafiante.
-¿Hubo momentos bisagra en el grupo?
Oliva: –La partida de Santiago dejó vacante el rol de dirección. Nadie quería hacerlo. Un día me desperté de madrugada con la certeza de que tenía que ser algo compartido, no para una sola persona. Y eso destrabó todo. Después de eso, estamos siempre acomodándonos con el afuera. En la pandemia hubo que sostener a la familia bomba. Pero conseguimos una estructura muy horizontal y democrática que se sostuvo en el tiempo. Ahora tenemos un coach para aprender a trabajar de otra manera. Eso nos mantiene a flote y bien.
-¿Hubo algún show para el olvido y otros que recuerdan con más cariño?
Cantero: –Improvisar te impone el camino de la cuerda sin red. La emoción es mayor cuando los hijos crecen y comienzan a involucrarse con el proyecto. Para mí fue muy fuerte cuando mi hija mayor vino a tocar con nosotros.
Oliva: –A veces pienso en la suerte que tengo de estar acá por lo fuerte que suena, como una aplanadora. Pero en lo personal hay momentos históricos. Un día mi hijo Valentín (Wos) me dijo que iba a estar cantando en Berlín y nosotros tocábamos allá justo al día siguiente. Nos pasó de coincidir con él tres veces. Me emocioné mucho.


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