El BCRA acelera la compra de dólares, pero el Gobierno no convalida por ahora un aumento de la cantidad de pesos

El Banco Central compró más de USD 6.000 millones y el Tesoro absorbió casi todos los pesos para evitar saltos inflacionarios. REUTERS/Matias Baglietto
El Banco Central compró más de USD 6.000 millones y el Tesoro absorbió casi todos los pesos para evitar saltos inflacionarios. REUTERS/Matias Baglietto

La compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) se mantiene a buen ritmo: ayer fueron otros USD 235 millones, pero ni siquiera alcanzó esta intervención para mover el tipo de cambio. El oficial se mantuvo en niveles de $1.400 y sigue cerca de sus mínimos anuales.

La intervención del BCRA es parte de la fase 4 del plan monetario, que consiste en comprar divisas para fortalecer reservas. Sin embargo, la otra pata de este esquema, que es la remonetización de la economía, sigue sin arrancar por decisión del propio Gobierno.

El economista jefe de Black Toro, Fernando Marengo, consideró “deseable” que de a poco el Tesoro deje de absorber los pesos que emite el Central para comprar dólares. “Esos pesos los compra el Gobierno para después adquirirle dólares al Central y pagar la deuda”, explicó. Sin embargo, consideró que esa dinámica podría estar cerca de cambiar.

El Central ya está cerca de comprar USD 6.500 millones y según estimaciones del economista Fernando Marull, podría llegar a los 12.000 millones de dólares. Sin embargo, la acumulación de reservas es mucho más lenta, porque una parte de las divisas adquiridas se utilizan para hacer frente a vencimientos de deuda.

A pesar de la millonaria emisión de pesos para comprar dólares, la base monetaria muestra una fuerte contracción. En lo que va del año se contrajo en 2,6 billones, pese a que la inflación acumuló 9,4% en el primer trimestre. Y la variación interanual muestra un incremento nominal de apenas 19%, lo que implica una reducción en términos reales de 13 por ciento.

La fase 4 del plan incluye la acumulación de reservas y, al mismo tiempo, la remonetización de la economía. De hecho, el esquema original según se había presentado era la emisión de dinero para comprar dólares sin esterilizar. Pero hasta ahora ni arrancó, posiblemente a la espera de una disminución en el dato de inflación de abril.

El propio presidente Javier Milei había considerado “muy malo” el índice de 3,4% de marzo, lo cual se tradujo en una continuidad del fuerte apretón monetario.

Los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que arma el Central coincidieron en que la desaceleración inflacionaria arranca en abril, aunque hay diferencias respecto a la velocidad de la baja. Hoy, la mayoría estima que el incremento del 2026 será al final muy parecido al 31,5% de 2025.

Desde el BCRA ya dieron alguna señal en esa dirección la semana pasada cuando flexibilizaron la integración de encajes a los bancos. La medida busca estabilizar la tasa de interés (que para plazos cortos se ubica en 20%) y, en simultáneo, darle mayor manejo de liquidez a las entidades para que puedan impulsar el crédito luego de varios meses de retracción.

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Desde el equipo económico confían en que el fuerte control de los agregados monetarios dará resultados para apurar la baja de la inflación. El objetivo es que los salarios empiecen a recuperar en términos reales, luego de varios meses de caída del poder adquisitivo. Hace por lo menos cinco meses que los sueldos del sector privado pierden contra la inflación.

La expectativa es que en los próximos meses se produzca el efecto inverso: una disminución de la inflación que habilite a una mejora de los salarios reales. Esta estrategia tiene un límite, que es la caída del empleo privado. Por lo tanto, los empresas tienen poco incentivo para dar aumentos significativos, ya que la “movilidad laboral” se encuentra en baja. Quien renuncia a su empleo tendrá más dificultades para conseguir otro.

La gran incertidumbre sigue siendo a qué velocidad se dará la reactivación. Los últimos datos de actividad muestran un rebote en marzo y posiblemente en abril, aunque el derrame a los grandes centros urbanos es mucho más lento. “En el interior se ve un dinamismo de la actividad muy superior al la zona metropolitana”, agregó Marengo.

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